El día de mi suerte

Héctor Lavoe

Soñé que Lavoe estaba vivo, que vivía en un cuchitril con olor a moho y alcohol dentro de un bar de salsa y mala muerte en Chapinero, en el antiguo y próspero Titicó.

Soñé además que caminaba por la carrera 13 entre afiches mugrientos y rotos que anunciaban el show de media noche del tipo. La entrada valía 8 mil pesos e incluía dos polas.

“Cantando sus grande éxitos: Mi Gente, Periódico de ayer y El Cantante”

Pensé, ¿por qué a la media noche si para esa hora el tipo ya debe estar pasado de merca? Raro.
¿Acaso aún podía mantenerse en pie en un escenario? Rarísimo.

De repente el sueño se puso funky, o más bien, muy Bogotano porque comenzó a llover torrencialmente, corría un viento helado que me dejaba ciega mientras la sucia trece comenzaba a tornarse de un color oscuro con cada gota que caía sobre el polvo del asfalto. Comencé a correr dentro del sueño y terminé en la entrada del Titicó. Tímidamente asomé la cabeza por ese pasillo oscuro, plagado de colillas de cigarrillos y en el fondo reconocí unas gafas grandes que colgaban de una figura delgada que parecía más una sombra sin forma que un ser humano.

— ¡Maestro! grité
y Lavoe se acercó a paso lento pero firme, como si quisiera mostrarme lucidez en la forma de caminar.

Lo abracé e hice una venia para mostrar respeto. Él solo me miró con desdén y me llamó Dayana.

Un diminuto rayo de luz que venía del letrero neón del bar se coló en sus gafas y pude reconocer mi cara de espanto en el reflejo.

Lavoe estaba viejo, demacrado, le faltaba pelo, dientes y sus ñatas estaban tan blancas como una dona.

— Maestro, si yo soy Dayana entonces usted debe ser el cantante, ¿o me equivoco?

— Eso dicen — contestó sin mover un solo dedo.

Al fondo del pasillo comenzaron a escucharse las primeras pruebas de sonido, las pistas salseras ochenteras que invitaban al dancing’.
Entramos al antro de sopetón, Lavoe se lanzó al escenario con una sorprendente energía; la gente entraba, salía, bailaba, jadeaba, rogaba.

Recuerdo que comencé a sudar y a mover los pies lentamente. Quería bailar, quería olvidar y dar vueltas sin moverme de la pista.  Faltaban quizás un par de segundos para el intro magistral de Héctor cuando sonó una ráfaga de disparos, que venían de no sé donde, y el cantante se desplomó fulminante en la tarima.

¡Escupió la herida! calló la orquesta, gritó el desespero, se encendió la alarma y entonces desperté.

Habría olvidado aquel sueño de no ser por la casualidad que siempre respira en la nuca— de la mañana siguiente cuando me sorprendió al oído la voz de Héctor — el inmortal— en la emisora de turno.

¡Esta vivo! pensé.
— Estás dormida — respondió la foto del periódico de ayer que aún sostenía entre las manos.

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La salsa me frustra! (los big #fail y los super #win)

Ni nacer en Colombia, ni en Latinoamérica te hace tener grandes caderas ni moverlas como el 60% (quizás menos) de las mujeres que adornan el continente caliente por excelencia!

Soy de las que ama la salsa, esa salsa vieja deliciosa de dioses como Richie Rey y Bobby Cruz, Hector Lavoe, Willie Colon, la Fania all stars…..y todo este universo lleno de estrellas setenteras amantes del perico y los veranos en NY !. La salsa es romántica, fiestera, alegre, triste muy triste, melancólica. La salsa hace que llueva con nieve, y esté donde esté siempre logra hacerme mover los pies. Lo malo es que no siempre en la dirección correcta.

Para hacerme un reconocido pajazo mental, tiendo a pensar que todo es culpa del “parejo“.  Si uno no logra bailar correctamente con alguno de éstos, termina haciéndole honor al sonido bestial con una torpeza proporcionalemente bestial y aburridora. Por eso me he tomado la molestia de sacar  categorías de parejos salseros, tomando como base mi experiencia personal.

Tipos de “Parejos salseros”

1. El tronco: El que por más que uno intenta no puede hacer que lleve el ritmo, y uno (a pesar de no saber nada) sabe con seguridad que el man está en la olla. Todo el tiempo uno mira a su alrededor y se frustra con la fluidez de las demás parejas y ruega al cielo que la canción se acabe rápido rápido. Que frustración cuando al dj u orquesta en vivo le da por hacer un mega mosaico de 3 horas con versiones de la salsa de ayer y hoy #fail

2. El Manoseador: Nunca faltará ese personaje que confunde bailar con el toqueteo allí y allá. Momentos incómodos en los que uno pierde el ritmo por andar pendiente que el tipo no le baje la mano a la nalga, o lo que es peor, que lo aprete fuerte al pecho y que cierre el bailoteo con un beso sudado, chantao’ en la mejilla y un ” gracias mi reina”. Y uno le contesta con un grito en el oído “usted abusó” #fail

3. El Pro: En esta categoría entran todos aquellos salseros de corazón, que pasaron su adolescencia dándole al dancing. Son esos que les falta levantarlo a uno con doble piruet y salto mortal hacia atrás. Son de los que les falta salir con el zapato de charol y los bota y manga campana y que se mueven al estilo de los contest de ESPN. Me frustra!!! no solo no puedo seguirles el paso, sino que además terminan odiándome por los pisotones y las estrelladas en las vueltas.  #fail

4. El Viejito: Tengo que decir que es mi categoría favorita, porque no sé si sea porque aprendí a bailar salsa con señores de edad en mi temprana adolescencia, pero amo el swing que tienen aquellos que bailan no tan rápido ni tan lento, esos que te agarran fuerte pero sin ahogarte, esos que cierran los ojos y tararean la canción mientras bailan, como si la canción los llenara de recuerdos. Esos que le enseñan a uno los pasos básicos y las vueltas básicas y que así uno este hecho un lio le dicen ” eso, así vas bien” y no te atropellarán jamás con un “estudias o trabajas?”, ” huy a mi la salsa me pone arrozudo”. Son de esos feitos que bailando se les siente como príncipes, con sabor, son y cadencia. #win

Llámenme abuela, pero para mí esta categoría es la ganadora! como azuquita pal café!

 

xxxcambio y fueraxxx