Matar y comer del muerto

Arnaud Jarsaillon and Rémy Poncet.
Arnaud Jarsaillon and Rémy Poncet.

Capítulo I

— A veces y solo a veces quisiera apoderarme de la más estruendosa de las motosierras y descuartizarte en mi cama. Colocar cada parte tuya en un jarrón lleno de especias y pimienta para luego sentarme a disfrutar cada trozo de ese cadáver exquisito, ese que traes escondido debajo de esa piel trigueña.
¡Es que eres preciosa Ana! y no puedo dejar de mirarte esos ojos sin antes imaginar la forma más educada de chuparlos o sumergirlos en un martini.

—Hablar sale barato Kevin, y mentir aún más. Di que me quieres follar y que es en lo único que piensas mientras te hablo. Conmigo ahórrate la literatura que yo ya entendí que lo que quieres es destrozar es mi ropa interior y desaparecer.

— No es literatura Ana, no seas tonta.

Kevin sacó la motosierra que tenía en el armario y esa noche -solo por esa noche- quedó intacta la ropa interior de Ana sobre la cama.

Capítulo II

Danilo había prometido no matar a su perro aún si tuviera que pasar varias semanas sin comer. Era imposible pensar en hacerle daño a ese peludo de ojos tristes que batía la cola hasta cuando se creían perdidos.

Pero fue una tarde cualquiera cuando comenzó a escuchar las voces. ¡Ay las voces!
Parecían salidas de una emisora que apenas agarra el radio viejo de una choza en la Guajira. Con un montón de interferencia y luces de sonido que se sienten claras por momentos. Algunas decían que necesitaba derramar sangre, otras eran puros juegos de palabras para elevar el hambre. Tenía visiones donde el pobre perro lucía gordo y carnudito cuando en la vida real se veía más famélico que el mismísimo Danilo.

— ¡Anda cómetelo y prepárate un chaleco bien chulo con el cuero!
— ¡No te amargues Dani, los perritos también van al cielo!

Voces que gritaban detrás de los ojos, que podía sentir como hormigas en la cabeza y que finalmente lo llevaron a cerrar los ojos, a respirar profundo, a quebrar el cuello de Armandito (así llamaban al canchoso) a atravesarlo con un palo y a esperar paciente mientras el calor de la hoguera ayudaba a calmar esa mezcla entre dolor, hambre e interferencia.

Capítulo III

Chucho era el encargado de velar por la seguridad del edificio de oficinas donde trabajaba entonces Moori Koenig. Por aquellos días corría el rumor de que el cadáver de Evita permanecía en su oficina, rumor que Chucho no solo pudo confirmar sino que además decidió aprovechar con gusto y buen disimulo.

Cada noche, después de la primera ronda y luego de recibir el turno de mano de Jorge “el lolo” Luján, Chucho invadía la oficina secreta de Koenig para charlar con el cuerpo pálido que permanecía erguido al lado de la ventana principal. Pasaba horas observando cada detalle, hablándole y tocando el cristal levemente para no dejar huellas ni despertar a quien luego llamara ‘mi bella durmiente’.
Pronto el cristal fue opcional y las caricias se hicieron más profundas. Los besos aunque fríos sabían al más allá y Chucho sentía que tocaba el paraíso a dos manos cada noche, sin que Moori ni nadie en toda la Argentina se diera por enterado.

— “Parecía tan real que sentí que no estaba haciendo las cosas mal, señor agente.”
fueron sus primeras declaraciones luego de estallar el escándalo.

***

 “Chucho y Evita mantuvieron una relación de amor, sexo y confesiones en una oficina de Buenos Aires”
rezaban las publicaciones bizarre del diario Recoleta.

***

 “Amar después de la muerte es para zombis”

sería el título de la novela zombie el escritor Damian Juarez, donde rozaban fragmentos de ficción con fría realidad, y donde Chucho no era Chucho sino una versión zombi de Churchill y Evita era una diva de la santería condenada a permanecer en un féretro inmaculado.

***

Cosas extrañas se vieron entonces y Chucho fue el que más sufrió con todo esto. Cuentan que desde la cárcel y antes de su muerte escribió una carta con su confesión. Cuentan que la tal carta se parecía más a un poema o a una canción que a una carta de piedad. Chucho insistía que él era solo un hombre en frente de una hermosa mujer que decidió amar en el silencio cada noche, mientras todos dormían en Buenos Aires.

En el fondo – muy en el fondo y sin decirle a nadie-  todos comprendían las razones de Chucho, pues Evita encarnaba la mujer perfecta: inquietantemente serena, retraída y callada.

 

 

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El día de mi suerte

Héctor Lavoe

Soñé que Lavoe estaba vivo, que vivía en un cuchitril con olor a moho y alcohol dentro de un bar de salsa y mala muerte en Chapinero, en el antiguo y próspero Titicó.

Soñé además que caminaba por la carrera 13 entre afiches mugrientos y rotos que anunciaban el show de media noche del tipo. La entrada valía 8 mil pesos e incluía dos polas.

“Cantando sus grande éxitos: Mi Gente, Periódico de ayer y El Cantante”

Pensé, ¿por qué a la media noche si para esa hora el tipo ya debe estar pasado de merca? Raro.
¿Acaso aún podía mantenerse en pie en un escenario? Rarísimo.

De repente el sueño se puso funky, o más bien, muy Bogotano porque comenzó a llover torrencialmente, corría un viento helado que me dejaba ciega mientras la sucia trece comenzaba a tornarse de un color oscuro con cada gota que caía sobre el polvo del asfalto. Comencé a correr dentro del sueño y terminé en la entrada del Titicó. Tímidamente asomé la cabeza por ese pasillo oscuro, plagado de colillas de cigarrillos y en el fondo reconocí unas gafas grandes que colgaban de una figura delgada que parecía más una sombra sin forma que un ser humano.

— ¡Maestro! grité
y Lavoe se acercó a paso lento pero firme, como si quisiera mostrarme lucidez en la forma de caminar.

Lo abracé e hice una venia para mostrar respeto. Él solo me miró con desdén y me llamó Dayana.

Un diminuto rayo de luz que venía del letrero neón del bar se coló en sus gafas y pude reconocer mi cara de espanto en el reflejo.

Lavoe estaba viejo, demacrado, le faltaba pelo, dientes y sus ñatas estaban tan blancas como una dona.

— Maestro, si yo soy Dayana entonces usted debe ser el cantante, ¿o me equivoco?

— Eso dicen — contestó sin mover un solo dedo.

Al fondo del pasillo comenzaron a escucharse las primeras pruebas de sonido, las pistas salseras ochenteras que invitaban al dancing’.
Entramos al antro de sopetón, Lavoe se lanzó al escenario con una sorprendente energía; la gente entraba, salía, bailaba, jadeaba, rogaba.

Recuerdo que comencé a sudar y a mover los pies lentamente. Quería bailar, quería olvidar y dar vueltas sin moverme de la pista.  Faltaban quizás un par de segundos para el intro magistral de Héctor cuando sonó una ráfaga de disparos, que venían de no sé donde, y el cantante se desplomó fulminante en la tarima.

¡Escupió la herida! calló la orquesta, gritó el desespero, se encendió la alarma y entonces desperté.

Habría olvidado aquel sueño de no ser por la casualidad que siempre respira en la nuca— de la mañana siguiente cuando me sorprendió al oído la voz de Héctor — el inmortal— en la emisora de turno.

¡Esta vivo! pensé.
— Estás dormida — respondió la foto del periódico de ayer que aún sostenía entre las manos.

My fake plastic love

Vía Pinterest.com

Yo amaba mi ojo de vidrio aunque fuera de mentiras. Amaba la forma en que me hacía sentir segura en un mundo parcialmente ciego.
Digo amar en tiempo pasado porque ahora he decidido dejar de mentir y entregarme con todo y mis defectos a esta vida tuerta. Peores cosas me han pasado por encima, mejores postores me han mentido y allá afuera la vida luce demasiado brillante como para quemarla al sol que se refleja en un vidrio caliente.

Quiero ahora dejar de luchar contra lo natural y entregarme – desvergonzadamente-  a este amor de plástico. Dejar de odiarme por dentro para ver cómo florezco por fuera. Quiero dejar que el respiro y el parpadeo rueden libres, casi tan libres como una bola de vidrio con iris pintado que raya el asfalto. Húmedo.

Es tiempo – y hasta ahora lo entiendo- de regar las plantas falsas, esas que fueron sembradas en materas de plástico chino que dejó abandonadas Thom Yorke en mi jardín.

 

 

 

Tostadas francesas


María Adelaida Cifuentes hacía las mejores tostadas francesas que jamás probé. Tal vez por eso aún la recuerdo mientras preparo el café y espero el horrendo desayuno que Helena prepara para mi cada mañana.

Yo quiero a Helena, la respeto, pero no puedo amar sus dotes en la cocina. Sus recetas son tan simples como su forma de caminar, sin vida, sin gracia.

Lo que me gusta de Helena es su forma de reír, o mejor, su manera de hacerme sentir que soy gracioso en un mundo tan hostil.

Muchos allá afuera – mientras yo saboreo mi café- pensarán en sus ex novias y rechinarán los dientes imaginando cómo otro la devora en la cama; yo en cambio me arranco el pelo pensando en el imbécil que ha de estar disfrutando, a esta misma hora, las crocantes, dulces y deliciosas tostadas de Adela.

Extraño a Adela y su forma de conquistar con la comida, esa manera extraña de tenerme siempre hambriento en la mesa y en la cama.

Se acerca entonces la mesa de desayuno en las manos de Helena con un cereal blando, un jugo de naranja ácido y una tostada quemada. Helena sonríe y yo finjo que me agrada. Vuelvo a pensar en Adelaida Cifuentes y casi puedo sentir en mi garganta el sirope que resbala desde mi boca entre arándanos y uvas negras en perfecta sinfonía.

– La leche está algo agria así que la arreglé con algo de azúcar, el jugo lo rendí con un poco de agua y el fogón estropeo la tostada, por lo demás está lleno de nutritivo amor, dijo.

– Yo te quiero Helena, pero no lo suficiente para comer esta porquería.

– ¿Qué?

– Que eres muy dulce, pero hoy no tengo hambre.

Tomé un último sorbo de café agarrando al tiempo mi chaqueta, besé su frente y salí corriendo de la casa.

Cuando estaba en la puerta busqué en mi celular el número de Adela, le llamé y le rogué una cita para desayunar, ella no se opuso.

Tardé algunos minutos en llegar y cuando me acercaba a la puerta de su apartamento el olor a chocolate, nueces y tocino al horno trajo a mi la historia de sabores que habíamos escrito cada mañana cuando aún estábamos juntos.

Timbré y al abrir la puerta descubrí que estaba sola, -¡inmaculadamente sola! –  aún en pijama y con esos ojitos inflamados del sueño.

Sin nada más que un tímido “Hola” nos sentamos juntos a desayunar, uno al lado del otro, como si hubiésemos amanecido abrazados en una misma cama destendida.
Devoré todo, recordé todo y llegué quizás a amarla un poco más que antes.
Nuestras manos se cruzaron levemente en el salero y sonreímos como un par de niños.

Luego lavé los platos (con mi lengua), le di un beso en la frente y antes de cerrar la puerta dije:

– ¿Mañana a la misma hora?

y ella respondió con un dulce y esperanzador:

– Te espero…

[Esta historia, ¿continuará?]

Manos ciegas

vía pinteres
Me gusta observarte a lo lejos cuando sé que no notas mi presencia. Sabes que odio llegar tarde a todos lados y más cuando sé que voy a verte. Con una cita pendiente tengo unos 15 minutos de ventaja para poder ubicarme donde sé que no me verás, el lugar exacto para ver tus movimientos improvisados, tu rostro cuando me buscas con la mirada y ese gesto de apatía que dibuja en tu boca una nuez apretada cada vez que alguien se te acerca demasiado.

Hoy me senté en la mesa que no acostumbro solo para tener desde allí la vista perfecta hacia tu llegada. Podré ver el momento en el que te bajas de bus, agarras tu mochila y hundes en ella la mano ciega que busca el celular. Antes de marcar y mientras lo ocultas de la mirada de un posible ladrón das una ojeada 360. ¿Qué buscas? me pregunto, ¿acaso algo en mí es tan fácil de ubicar en tan corto paneo? Te observo y mientras suena mi celular te sigo mirando. Ante tanto tono sin respuesta tus ojos develan angustia. Miras tu reloj, vuelves al 360 y nada. Cuelgas y yo te sigo observado. Ahora te agarras el pelo, enredas tus dedos formando esa trenza ingenua, deshecha y trajeada que te hace ver fresca y que no es otra señal más de tu pequeñísimo desespero.

También te veo cuando escribes con la cabeza baja e inmersa en el celular. Con tan pocos segundos intento adivinar que dirá esta vez tu SMS: “Ya llegué” ,”Estoy aquí”, “¿Donde estas?” el -bip bip- me estremece la mano y leo esta vez un: “Deja de mirarme como un bobo desde la ventana de Marea y ven a darme un beso. Ahora.”

Levanto la cara para encontrarme con tus ojos pero te has desvanecido. Me vuelco en un 360 y busco la trenza en un paneo. Nada salvo las hojas corren intrépidas por el parque. Pasan algunos segundos, ahora soy yo quien intenta llamarte. El ringtone de tu celular se escucha en el lugar, ya estás adentro… ahora puedo ver la mochila, luego las manos ciegas, la trenza y los ojos risueños que se aproximan a paso lento. Antes de que puedas sentarte anoto en mi libreta:

“Me acostumbré a verte de lejos cuando no me ves y a verte ir cuanto mis ojos no te alcanzan.”

La guardo y ordeno dos cafés.

Dama de compañía | Plagio a Bukowski

Mientras pasaba su acostumbrada sesión frente al computador Ana encontró un anuncio con enormes letras y vibrantes colores que decía:

BUSCO DAMA DE COMPAÑÍA

Completa discreción. Clic aquí para más info.

Movió el cursor y en menos de lo que dura un clic estaba inmersa en un blog de alguien que se hacía llamar KIKI. La imagen de perfil no decía mucho, era una fotografía que mostraba una parte de una espalda que bien podía ser de un hombre o una mujer. Al lado se podía ver el mismo anuncio, ahora con más texto que decía así:

BUSCO DAMA DE COMPAÑÍA

Me llamo KIKI. Tengo 26 años. Me gustan los mariscos, las películas mudas y los poemas de Efraim Medina. Prefiero las mujeres regordetas a las esbeltas, los chocolates al caramelo y los billetes a las monedas. Busco una dama de compañía con la que pueda salir y disfrutar de la vida nocturna de Bogotá.

Había una dirección de email y un teléfono al que le faltaba un número. ¿Casualidad?.

Ana repitió un par de veces más el anuncio y pensó que ella era lo suficientemente regordeta como para encajar en el perfil. No le aficionaba Medina pero que aquello del chocolate era lo suficientemente interesante como para enviar un email. La palabra DAMA es sofisticada, como de otro siglo, pensó.

Mientras abría una nueva pestaña en el navegador intentó pensar cómo lucía KIKI, si era un viejo verde o un adolescente amante de los comics como ella o quizás un asesino en serie que había cambiado de vida y estaba ahora buscando una compañera para darle sentido a su existencia. Sintió además que su vida era especialmente triste y aburrida como para reparar en detalles. Tal vez conocer a alguien nuevo no sería tan mala idea después de todo.

To: kikilove@live.com

Asunto: Dama de compañía

Mesaje:
¡Hola! Vi tu mensaje en un portal de comics. ¿Te gustaría concretar un cita?
Saludos, Ana.

Al cabo de un par de segundos recibió un correo de respuesta en el que KIKI adjuntaba su dirección y una carita feliz compuesta por dos puntos y un paréntesis cerrado.

Ana fumaba un cigarrillo para calmar los nervios que le producía tal encuentro.
Pasaron un par de horas de camino y ya se encontraba al frente de la puerta de un edificio de cinco pisos con una puerta de metal roído; a un lado habían cinco timbres con nombres diferentes que intentaban dar una guía a los visitantes:

1. Trevor

2. Bukowski

3. sArA

4. KIKI

5. Jhon

En menos de lo que tarda el sonido de un timbre de campana apareció KIKI en la puerta. No era un freak, mucho menos un anciano o un adolecente, era una mujer con sobre peso, con grandes tatuajes, perforaciones, con la cabeza rapada y una camiseta desteñida de AC/DC

—   Tu debes ser Ana

—   Y tu debes ser KIKI

—   ¿Qué comes que adivinas?

—   Hmmmm

—   Sigue, adelante, estás en tu casa.

—   No, gracias. A lo mejor no estoy interesada

—   ¿Cómo así?

—   Pensé que eras un chico. Bueno, un hombre por lo menos

—   ¿Qué tengo de malo? Soy casi un chico salvo por la raja de la entrepierna y estas tetas que me cuelgan, por todo lo demás soy un machito: eructo, me rasco el trasero, me encanta el futbol, digo groserías y me derrito con las gordas con tetas grandes como las tuyas.

Ana permaneció en silencio por unos minutos y al final decidió entrar.

—   Voy a quedarme  por un par de horas, debo volver a mi casa.

El apartamento de KIKI lucía algo deteriorado pero guardaba ciertos aspectos acogedores, muy femeninos, que le hacían sentirse a gusto. Ambas se sentaron en la mesa, bebieron unos tragos y se sumieron en una larga conversación sobre mujeres, libros y futbol.

—   Entonces buscas una dama de compañía

—   Así es, algo así como una prostituta decente. Alguien con quien no me de vergüenza salir a la calle y a quien pueda pagarle por unas buenas mamadas.

—   Entiendo…

—   ¿Entiendes? Tienes cara de no entender nada. ¿Alguna vez te has tirado a una mujer?

—   No, nunca

—   ¿Lo descartas?

—   No del todo

Sin más preámbulo que ese KIKI se sintió en confianza y le agarró con fuerza la pierna. No valieron los intentos de Ana por apartarla pues en menos de dos movimientos ya tenía esa figura pesada, sudorosa y maloliente sobre ella.

—    Por favor ve más despacio

—   ¿A qué te refieres?

—   ¡A que vayas más despacio! Estas a punto de asfixiarme ¡maldita sea!

—   ¿Entonces a que has venido? ¿por qué decidiste quedarte? Eres una zorra y quieres que yo sea tu juguete ¿verdad? Dime que es verdad

—   ¡Estas loco! O ¿loca? Quítate de encima, es una orden

Sin prestar la menor atención a la advertencia el espectáculo grotesco continuó hasta que en un intento desesperado, Ana estrelló un vaso repleto de vodka contra la cara de KIKI.

—   Cómo se nota que no te queda nada de mujer. No sabes parar a tiempo, no tienes modales. ¡Eres un maldito animal!

Gritos y sollozos eran todo lo que se podía oír al final del pasillo mientras Ana abandonaba el edificio. Salió sin prisa para no levantar sospechas y tomó el primer taxi que cruzó la avenida.

Ya en casa intentó repasar en su cabeza los momentos de aquella pesadilla. Decidió tomar un baño, porque era la forma más eficaz de limpiar el asco y la suciedad que tenía  impregnada en la ropa y en la piel.

Segundos antes de entrar a la ducha revisó de nuevo su email. Tenía allí un mensaje sin leer de : kikilove@live.com. Lo seleccionó y en menos de lo que dura un clic lo envió directo a la carpeta de spam.

charles-bukowski

Esta historia nació como parte de un ejercicio de un taller de cuento en el cual estoy participando hace un par de semanas.
La tarea era plagiar el cuento de Bukowski, contar la misma historia pero diferente.
Les dejo el original: Se busca una mujer- C. Bukowski

¡Comenten sin miedo!

De cuando me enamoro en un café

café
vía pinterest.com

Lo vi de lejos y supe que era el amor de mi vida. Estaba un poco borroso, pero luego de colocarme las gafas comprobé que era justo como lo había pedido. Era alto, tenía una linda barba rojiza, cabello despeinado y ropa a lo Joseph Gordon Levitt.
Cuando lo vi caminando y buscar el rincón más alejado con un tinto tamaño extra grande en sus manos, (justo como el que yo tenía mientras lo observaba) me llené de júbilo. Luego cuando sacó el libro de Chejov de su mochila harapienta y una pequeña libreta de notas sentí que no podía respirar ¡el idilio se había completado!

Caminé lentamente hacia él y mientras esquivaba mesas y gente insignificante repasé en mi cabeza cómo debía iniciar la conversación con aquel desconocido. Repetí mil veces lo que podría decirle; tal vez preguntarle si en esa edición se encontraba “El Teléfono” o “Historia de un contrabajo” que era mis cuentos favoritos de Chejov o comenzar con algo como:

– Hey guapo ¿por qué Chejov y no Tolstoi? ¿Por qué tinto grande y no un expreso? Disculpa, me llamo Marta, ¿donde dejé mis modales?

Faltaban dos pasos y medio para llegar hasta su mesa, sentí depronto que me temblaban las piernas y que el corazón quería salirse de su sitio. Fue entonces cuando vi lo impensable. Aquel extraño que me había enamorado sin cruzar palabra estaba tomando de la mesa un sobre de azúcar. Lentamente lo abrió con los dientes y lo vertió completamente en el café. Como si eso no bastara, repitió lo mismo con otros dos sobres  más, uno tras de otro, sin pensar, sin mirar. Sentí que el mundo se deshacía como azúcar en café.
Antes de que notara mi presencia cambié el curso de mi camino, tomé el último sorbo de mi tinto y salí corriendo para siempre.

Podía perfectamente haber sido el hombre de mis desvelos, pensé, pero no puedo confiar ciegamente en quienes endulzan el café. ¡Eso no! dije en voz alta.

Fin

Final y comienzo | Sesión Final para Delirio | Club De lectura‏

club2

Nos despedimos de Laura Restrepo e iniciamos un libro nuevo

Ha llegado la hora de cerrar con broche de oro el primer libro del Club De Lectura Delirios, por eso nos reuniremos de nuevo para hablar, almorzar y elegir uno de los dos libros que propuso John Fory para las siguientes sesiones:

Fundación de Isaac Asimov
Es el primer libro de la Primera Trilogía de la Fundación escrita por Isaac Asimov, es una colección de 5 relatos cortos que hablan de un futuro muy lejano con condiciones netamente humanas. En este futuro la humanidad se ha extendido por toda la Galaxia adoptando una forma de gobierno imperial llamado el Imperio Galáctico el cual comienza a corromperse y estancarse en cuanto a nuevos conocimientos científicos asumiendo que todo lo que el hombre puede o debe descubrir ya está hecho.

La Calle 10 de Manuel Zapata Olivella
El tema de la indiferencia citadina es retomado por Zapata Olivella en su novela la calle 10, pero en este caso las victimas ya no son criaturas solitarias. El material de construcción es el pueblo mismo en el que se desarrolla la violencia urbana frente a la opulencia de sus clases dirigentes y los abusos coercitivos de una policía tan o más viciosa que la descrita en Cóndores no entierran todos los días. La vida del sector conocido como La plaza de Mayo es retratada con detalle. La miseria, el hambre, el horror, la rabia y la muerte, nutren la vida del desafortunado sector de la ciudad. Existen dos personajes que le otorgan el hilo a la narración, un poeta socialista y un boxeador.

¿Cuál les gustaría leer?
Nos vemos el próximo martes 3 de diciembre en el café Juan Valdez de la calle 73 con 9 a las 6:30 pm.

¡Los espero!

Lolita

lana

Sufro de una especie de melancolía crónica que me lleva a escuchar fervientemente a Lana del Rey mientras prendo un cigarrillo, llevo el humo a través de la garganta y lo despido pacientemente, una y otra y otra vez, con extraña sensualidad .

Suelo estar frente al espejo cuando lo hago. Primero me suelto el pelo y comienzo a armar en el un estilo a lo Jackie Onassis, luego  me pongo un labial rojo muy rojo y comienza la función…

Justo en el instante en el que no puedo reconocerme en el espejo tomo el cepillo como micrófono imaginario y le canto a mi gato que me mira desde la ventana. Algunas veces imagino a James Dean entrando por esa misma ventana, otras lo escucho llorar en el baño mientras se inyecta.

Las lagrimas negras por el rímel no dan espera, el vestido rojo que uso ahora se tiñe de gris y siento de pronto que estoy en el video de Blue Jeans.
La habitación se inunda, se desborda ante la cálida lluvia que moja los recuerdos y que va dejando marcas en el suelo de esa extraña, humeante y seductora melancolía.

It’s like I told you honey

Dedicado a mi adorada Anilina.

xxcambio y fueraxx

Pandora

vía Pinterest.com

Todo lo que necesitas saber está en esta caja, guárdala bien no vayas a perderla, es importante, es muy importante para la vida.

No, no la abras ahora, no necesitas saberlo todo en este instante, estás muy pequeño, estás muy frágil y enfermo.

Recupérate y apenas puedas pararte en dos pies abre la caja, mira hacia la ventana y sonríe. Solo así sabrás que has comprendido el mensaje, que el conocimiento te ha invadido y que todo lo que necesitas saber para la vida lo tienes ahora en la cabeza.

No, debajo de la cama no lo pongas, allí puede pasar Lupita con su escoba y enterarse de la buena nueva. No, tampoco en la gaveta, puede caerle algo encima, o puede perder su forma. ¡Ni lo pienses! en el baño puede mojarse, o evaporarse el contenido. Guárdalo aquí, si ahí. Estoy seguro que allí no podrás olvidarla ni nadie más querrá verificar su interior. Asegura la chapa, guarda la llave en tu bolsillo.

¡Eso es! ahora descansa, junta tus manos tibias y trata de pensar en algo maravilloso. ¿Quieres oír una canción? ¿Quieres que te arrulle con una canción de cuna?

xxcambio & fueraxx