2014

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Enamorarse
Viajar
Escribir un libro
Publicar un libro
Abrazar el libro

Fin.

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Club de lectura Delirios

Instagram/missdelirios

Ya todo está listo para la primera sesión del club de lectura Delirios.

Gregorio y yo los esperamos mañana a las 7 PM para compartir de un rato lleno de libros, café y delirios.

Confirma tu asistencia escribiéndome a katalina.aldana@gmail.com

Punto y Aparte

vía pinterest

Punto se había cansado de ser final, de estar de último siempre en la fila, de cerrar con candado las historias, de perderse entre párrafos discontinuos.

Punto quería tener una cola agraciada como la coma, una pareja estable como punto y coma, un compañero alegre como los dos puntos o quizás unos hermanos gemelos para hacer con ellos el club de los puntos suspensivos. Punto quería algo, cualquier cosa que le devolviera la alegría como la que parecía tener aquella tilde suspendida en el aire.

Punto estaba cansado de ser punto, quería cambiar de vida. Primero pensó en ponerse a dieta para convertirse en un esbelto guión, pero luego desistió porque se sentía viejo para ese tipo de cosas. Después intentó ser un punto de vista, cosa que no duró mucho pues no estaba listo para ser tan subjetivo. Contempló varias veces la opción de desaparecer, de hacerse invisible a la tinta, pero pronto comprendió que el suicidio gramatical no es – ni será nunca- una salida fácil.

Un día, justo a las once en punto, conoció a quien podía acompañarlo en sus días más oscuros, un personaje poco visible que entendía sus sentimientos y que no lo juzgaría en momentos difíciles. Alguien que le devolvió la alegría de ser punto y la emoción de ser parte de algo – alguien – un fiel y también solitario compañero que llego para quedarse.

Desde aquel día Punto y Aparte pasean de un párrafo a otro entre versos mal escritos, rimas sin rimas y cuentos infinitos; desde ese día son conocidos como la pareja-dispareja más coqueta del universo gramatical.

Esta es pues la historia del punto que estuvo a punto de desaparecer hasta que cambió de parecer…

xxxcambio & fueraxxx

Un club delirante para amantes de los libros

club de lectura Delirios

Hace algunos días me rondaba la idea de armar un club de lectura con amigos y conocidos. Luego recordé que muy pocos de mis amigos son amigos de la lectura y que algunos de mis conocidos rara vez se encuentran en línea para compartir acerca de las lecturas que acompañan sus días.

Por eso, y en pro de generar encuentros mucho más personales, cercanos, humanos, decidí armar el primer grupo de Lectura llamado Delirios.

Tras una minúscula pero importante corriente de likes y favs en Facebook y Twitter de la moción, me lanzo al ruedo con esta aventura que me llena de emoción.

Quienes puedes participar?

Son bienvenidos todos los que quieran. Diría que la edad mínima para participar son los 14 años en adelante.

Cómo funciona?

Arrancamos con un mínimo de 4 participantes y mantendremos el grupo hasta un máximo de 9. ( ¿por qué 9 y no 10? Porque nueve es un número bonito)

La idea es reunirnos 1 vez cada 2 semanas en el lugar previamente acordado por el monitor de turno.

Los monitores seremos todos en determinado tiempo, donde cada uno propondrá la lectura de un libro, coordinará las fechas de las sesiones, y llevará el vino y parte de los snacks (¡yei!)

Para empezar yo seré la primera monitora y nos reuniremos en la primera sesión en mi casa, luego miraremos si podemos cambiarlo por cafés, librerías, galerías etc, etc.

Requisitos

–       Ser un amante empedernido de la lectura, de los libros y del vino (o de cualquier bebida alcohólica que ayude a socializar. Los lectores somos por naturaleza tímidos y a veces celosos con lo que leemos, por eso el alcohol nos ayudará a entrar en el mood delirante que nos lleve a pedir la palabra y no a sacarlas a empujones)

–       Ser una persona responsable y cumplida (responsable con la lectura y cumplida con los horarios de las sesiones. (De todos depende que este club funcione)

–       Ser un insolente . Para hablar, para compartir, para disfrutar. ¡Es todo lo que necesitamos!

¿Te unes?

Por favor escribe debajo de este post tu nombre completo e email para enviarte la información de la primera sesión que se realizará en Octubre de 2013.

¡Allá nos vemos!

Final ganador

El señor Pedro William Velasquez G. @wivel53 se lleva el premio del concurso #UnFinalParaMartina

Gracias a todos por participar. Muy pronto nuevas historias y concursos!

“Pedro dice:

Suspiró profundo y me dijo:
– Es como un sueño dentro de otro sueño no?
– ¿A que se refiere?
– Si, sentir la agonía de un cáncer y sentir la locura de tener tu cabello.
– Si así lo quiere ver Doc.
– ¡Regresemos por favor!

Dos días después todo transcurría normal y me sentía a gusto hablando con aquellas personas extrañas que lo único que querían era que alguien las escuchara. Aunque, pensándolo bien, yo no debería estar aquí; y no me refería a la clínica, me refería a todo. Estaba cansada y sentí el peso de no tener a mi familia cerca. No aguanto más, aveces creía que lo mejor sería reunirme con ellas.

A la mañana siguiente, después de prender un cigarro y tomar un café, el Doctor Monsalve prendió su grabadora de mano.

Aspiro el veneno de la nicotina y exclamó:
– Anoche recibí la noticia de la muerte de Martina. De alguna manera me siento culpable. Nunca supe como curarla, nunca supe como hacerla ver la realidad.

Martina nunca tuvo cáncer, nunca perdió su hermosa cabellera. Su mamá y su abuela la habían internado aquí hace ya dos años y rara vez llamaban a preguntar por ella. Solo dijeron que el ahogamiento en el lago de su tía más querida la había afectado mucho. No se que pasó, no se en que fallé. Era mi mejor paciente y la única que tenía permitida la salida del instituto.

Acabo de revisar toda su historia y realicé todos los procesos probables. Lo único que me falta por analizar es una carta que dejó de su aparente suicidio. – Fuma un poco y lee –

Soy Martina tengo 29 años y tengo cáncer. Llevo más de 24 meses luchando por sobrevivir a esta enfermedad que se llevó a mi madre, a mi tía y a mi abuela en el mismo año. Quisiera decir que ha sido fácil, que no me duele nada y que sigo tan fuerte como siempre. Que puedo dormir tranquila, que no lloro por las noches y que no le tengo miedo a la muerte…”

 

Martina

Soy Martina tengo 29 años y tengo cáncer. Llevo más de 24 meses luchando por sobrevivir a esta enfermedad que se llevó a mi madre, a mi tía y a mi abuela en el mismo año.  Quisiera decir que ha sido fácil, que no me duele nada y que sigo tan fuerte como siempre. Que puedo dormir tranquila, que no lloro por las noches y que no le tengo miedo a la muerte.

Pero por sobre todas las cosas, quisiera decir que no me ha afectado el hecho de perder mi cabello…

Hoy vengo aquí porque creo estar perdiendo la cabeza y necesito de su ayuda.

Tomando su vestido con ambas manos, para no arrugarlo mientras se sentaba, Martina miró uno a uno a sus compañeros de terapia con un aire de satisfacción, similar al de quien ha confesado un retorcido secreto.

Todos la aplaudieron y sonrieron con el ánimo hipócrita de que naba pasaba.

Poniéndose de pie el doctor Monsalve dijo:

Es muy valioso de tu parte que hayas venido a acompañarnos. Estamos muy complacidos de contar con tu presencia y trataremos de ayudarte en este proceso tan difícil por el que estás atravesando.

Eso es todo Señores, mañana comenzaremos con la primera actividad a la misma hora.

Los espero.

El Doctor Monsalve, quien había atendido casos extremos de locura y desquiciamiento crónico, quedó sorprendido con la historia de Martina, por lo que antes de verla salir en su auto la detuvo por un momento para hacerle unas preguntas “ de rutina”.

−         Martina, antes de que te vayas me gustaría preguntarte un par de cosas, si no es mucha molestia.

−         No lo es. Adelante doc, ¿qué quiere saber? – respondió Martina guardando las llaves de su auto en el bolso-

−         Eres la paciente más cuerda que he tenido, y no te miento. Tu historia me conmovió y quisiera saber por qué crees que estás perdiendo la cabeza. Por qué decides venir a un lugar donde a todos, evidentemente, les falta una tuerca?

−         Súbase Doc, vamos al lago. Allí me sentiré más  tranquila y responderé sus preguntas.

El viaje, que no duró más de 15 minutos, transcurrió en un incómodo silencio lleno de miradas esquivas.

Una vez llegaron al lago se sentaron ambos en el capó del auto. El viento amenazaba con llevarse la pañoleta que cubría la cabeza desnuda de Martina y el Doctor, en un gesto incómodo, intentaba mantener su corbata en orden.

Verá usted, Doctor Monsalve, sufro de un trastorno inexplicable que me da vueltas la cabeza, que me hace perder la tranquilidad y que me tiene al borde del abismo….

Todo comenzó el día de mi quinta quimioterapia:

Madrugué y me sentía más firme que nunca. Me miré al espejo, repetí lo fuerte que era y caminé hasta el consultorio sin mirar atrás.
Yo era una de las pocas pacientes en esa sala que no había perdido el cabello. Antes del cáncer gozaba de una hermosa cabellera negra, lacia y muy espesa. Muy, muy brillante, larga y armoniosa. Podría asegurar que todos los amantes que había tenido hasta entonces se habían enamorado primero de mi pelo y luego de mi.

Por eso para todos fue una gran sorpresa ver que mi pelo se resistía, perdía un poco de brillo con el paso de los días, pero seguía ahí, completamente firme, quimio tras quimio.

En  esa, mi quinta quimioterapia sentí la muerte treparse por los pies. Fue extremadamente dolorosa y ruin. Vomité durante varias semanas y sentía que se me agotaban las fuerzas. Poco a poco, y como si se tratara de una maldición, comencé a notar grandes zonas sin pelo en mi cabeza. La almohada, la ducha y el cepillo parecían mostrarme la cruda realidad y la falsa felicidad de la que había gozado.

Unos cuantos días después, me miré al espejo y ya no había nada. Mi cabeza ahora brillaba pero con la piel y veía en el espejo un maniquí triste y débil.

Ahí mismo, en ese preciso instante comenzó mi calvario.
Por extraño que pueda parecerle, ese día comencé a experimentar la cosa más rara que me hubiese pasado en la vida. Cada mañana al despertar sentía – literalmente – el peso del pelo en mi cabeza, como cuando tenía una trenza, la trenza que me tejía todas las noches antes de dormir.

Luego en las tardes, cuando la brisa otoñal pegaba en mi ventana, experimentaba la extraña sensación de los lazos de cabello enredándose alrededor mi cara, bailando con el viento.

Una noche, mientras me quitaba la ropa sentí un cosquilleo siniestramente similar al de una cabellera rozando mi espalda.

Durante todo ese tiempo además, tuve sueños en los que me despeinaba en conciertos de rock, pesadillas donde protagonizaba peleas con chicas en las que nos arrancábamos mechones enteros de pelo y episodios cortos donde veía a mi abuela o a mi mamá peinando mi larga cabellera frente a un espejo.

Una tarde, hace menos de tres días, estaba en el supermercado. Cuando me agaché a tomar la última lata de aceitunas que quedaba un niño se acercó y sentí como si me halara, de un solo tirón, una parte del cabello. Fue a carne viva tal sensación que solté un estruendoso “¡¡ouch!!” mientras me acariciaba- ingenuamente- la cabeza lampiña y mientras el niño sonreía pícaramente frente a mi.

En estos momentos Doc, le juro que siento que si me saco la pañoleta voy a sentir en mi rostro el fantasma de esa cabellera. Voy a mover las manos tratando de acomodarla para evitar que se enrede y sentiré en mi nariz el perfume del shampoo de oliva.

Como verá, he perdido mucho de mi cabeza, la cordura entre otras cosas…

En silencio el Doctor Monsalve cerró los ojos y sintió en su rostro algo extraño, inexplicable pero agradable. Percibió el suave olor a oliva y se deleitó con la suave caricia que le mantenía los ojos cerrados; una brisa fría y delgada que simulaba a la perfección la sensación de tener un millón de cabellos danzando en el aire.

xxcambio y fueraxxx

Celebremos el día de nuestro mejor amigo

Te  quitabas  la  faja  de  la  cintura,  te  arrancabas las sandalias, tirabas a un rincón tu amplia falda, de algodón, me parece, y te soltabas el nudo que te retenía el pelo en una cola. Tenías la piel erizada y te reías. Estábamos tan próximos que no podíamos vernos, ambos absortos en ese rito urgente, envueltos en el calor y el olor que hacíamos juntos. Me abría paso por tus caminos, mis manos en tu cintura encabritada y las tuyas impacientes. Te deslizabas, me recorrías, me trepabas, me envolvías con tus piernas invencibles, me decías mil veces ven con los labios sobre los míos. En el instante final teníamos un atisbo de completa soledad, cada uno perdido en su quemante abismo, pero pronto resucitábamos desde el otro lado del fuego para descubrirnos abrazados en el desorden de los almohadones, bajo el mosquitero blanco.

Yo te apartaba el cabello para mirarte a los ojos. A veces te sentabas a mi lado, con las piernas recogidas y tu chal de seda sobre un hombro, en el silencio de la noche que apenas comenzaba. Así te recuerdo, en calma.

Tú piensas en palabras, para ti el lenguaje es un hilo inagotable que tejes como si la vida se hiciera al contarla. Yo pienso en imágenes congeladas en una fotografía. Sin embargo, ésta no está impresa en una placa, parece dibujada a plumilla, es un recuerdo minucioso y perfecto, de volúmenes suaves y colores cálidos, renacentista, como una intención captada sobre un papel granulado o una tela. Es un momento profético, es toda nuestra existencia, todo  lo vivido y lo por vivir, todas las épocas simultáneas, sin principio ni fin. Desde cierta distancia yo miro ese dibujo, donde también estoy yo. Soy espectador y protagonista. Estoy en la penumbra, velado por la bruma de un cortinaje traslúcido. Sé que  soy yo, pero yo soy también este que observa desde afuera. Conozco lo que siente el hombre pintado sobre esa cama revuelta, en una habitación de vigas oscuras y techos de catedral, donde la escena aparece como el fragmento de una ceremonia antigua. Estoy allí contigo y también aquí, solo, en otro tiempo de la conciencia. En el cuadro la pareja descansa después de hacer el amor, la piel de ambos brilla húmeda. El hombre tiene los ojos cerrados, una mano sobre su pecho y la otra sobre el muslo de ella, en íntima complicictad.

Para mí esa visión es recurrente e inmutable, nada cambia, siempre es la misma sonrisa plácida del hombre, la misma languidez de la mujer, los mismos pliegues de las sábanas y rincones sombríos del cuarto, siempre la luz de la lámpara roza los senos y los pómulos de ella en el mismo ángulo  y siempre el chal de seda y los cabellos oscuros caen con igual delicadeza. ada vez que pienso en ti, así te veo, así nos veo, detenidos para siempre en ese lienzo, invulnerables al deterioro de la mala memoria. Puedo recrearme largamente en esa escena, hasta sentir que entro en el espacio del cuadro y ya no soy el que observa, sino el hombre que yace junto a esa mujer. Entonces se rompe la simétrica quietud de la pintura y escucho nuestras voces muy cercanas.

-Cuéntame un cuento -te digo. -¿Cómo lo  quieres? -Cuéntame un cuento que no le hayas contado a nadie.

ROLF CARLE

Tomado del libro: Los Cuentos de Eva Luna, Isabel Allende.

Feliz día del libro. Cambio  y  fuera.

El caminante de Alicante

Consonantes, disonantes y discordantes son los caminantes. No los de ahora sino los de antes, no los de Nantes sino unos semejantes.

Llenaban las calles cantantes, maleantes y acompañantes con caminos aberrantes en horas de tiempo apremiante.

La noche burbujeante, sonriente y beligerante, nos mira desde lejos con silencio fulminante. Un sollozo mutante y una carcajada distante bastaron para advertir al caminante, aquel comerciante de Alicante, que su fatigante caminata no era como la de antes. Fin.

xxxcambio y fueraxx

Happy Hour

Un barman, paciente, elegante y buen mozo reparte dosis de felicidad entre sus clientes cada jueves, viernes y sábados por la noche.

Los jueves van quienes tienen un nuevo amorío, el jefe con la secre, la cuchibarbie con el gigoló.

Los viernes grupos enteros de chicos y chicas que comienzan la noche separados y de copa en copa se van arrimando hasta que unos terminan tirando en el baño, otros besándose compulsivamente sobre la mesa y otros llorando en la barra mientras comparten con todos sus decepciones amorosas.

Los sábados hay de todo para todos; es un completo sancocho de borrachines, fiesteros, mujeres solteras, nerds vírgenes y regordetes que miran a las chicas que sirven los Martini.

El barman, del que hablaba al principio, trabaja allí desde hace algunos años, 7 para ser más exactos. Conoce todo tipo de historias, ha separado grandulones de peleas, le ha agarrado el pelo a muchas rubias vomitonas y ha escuchado tantas historias de amor como de dolor.

Todas las madrugadas, antes de ir a casa, limpia el mesón del bar envuelto en alcohol, babas, sudor, lágrimas y una que otra uña partida.

El barman luce cansado, se mira al espejo y reconoce él mismo que esas ojeras no desaparecerán ni con un día entero de descanso. Recorre cada línea de su rostro y le parece que fue ayer cuando aquella chica borracha le había rasguñado la cara y le había dejado esa marca en la mejilla derecha.

El barman viejo, agotado y algo atontado recibe el turno de las 8:00 pm. Limpia algunas copas, le da “play” a la lista de canciones que rechinan en sus oídos una y otra vez. Camina por todo el bar y decide esperar al primer cliente en la barra al son de un tequila. Todo parecía normal aquella noche, todo era parte de la rutina diaria, que giraba en aquel circulo vicioso.

Pronto sonó en el playlist una canción que lo hizo mover las caderas, se sirvió un nuevo tequila y comenzó a bailar sin control. Puso su mano derecha a la altura de su cintura y la otra levantada, simulando tener una morena bailando y girando con él al compás de esa cumbia pegajosa que invadía cada partícula de su cuerpo, llenando sus poros de cálido sudor.

Con los ojos cerrados pareció desaparecer por un instante; imaginó estando en la playa, sintiendo la arena cálida entre los dedos y el dulce sol bronceando su espalda.

Pronto el ritmo cesó y abriendo los ojos – primero el derecho, luego el izquierdo- notó que Graciela, la negra de metro sesenta que venía a bailar los miércoles, lo observaba al otro lado de la barra con su sonrisa blanca y provocativa.

– Bravo maestro, bravo- dijo Graciela aplaudiendo pausadamente

– No sabía que ya había llegado- dijo mirándose los pies y limpiando la punta de sus zapatos con la bota del pantalón- Quiere un tequila Gracia?

– Esta bien, -respondió riéndose- pero me lo dejás al precio del Happy hour

El barman sirvió dos copas a ras, con la mano nerviosa y con el sudor aun cayendo de su frente. Brindaron y dejaron que el tequila se deslizara por sus gargantas sin hacer gesto alguno.

¡Bailemos! dijo Graciela subiéndose la falda y trepando la silla para dirigirse al interior de la barra.

Buscó en el reproductor una canción bien guapachosa y agarrando al barman de la cintura comenzó el fiestón. Bailaron, sudaron, se besaron y bebieron por largas horas. Estaban tan extasiados que no notaron que el bar estaba más solitario que nunca. Nadie, ni por error, había decidido entrar por una cerveza, un Martini o a preguntar por el engañoso happy hour.

Cuando el reloj marcaba un cuarto para las 11, un hombre corpulento irrumpió en el bar. Traía un abrigo muy largo y un sombrero que no dejaba ver su rostro. Graciela se compuso el vestido mientras corría hacia el baño y antes de desaparecer le susurró al barman: “andáte, corré si puedes”.

El hombre colocó un arma en la barra y le pidió al sudoroso barman un coñac.

Cuando la copa servida rozó el arma y antes de que pudiera decir alguna palabra, el misterioso hombre apuntó su arma y dijo:

– ¡Esto es pa’ que aprendás a servir un coñac!

– ¡Bang bang! – Retumbó el lugar mientras el pobre barman caía al piso envuelto en sangre, sudor y coñac.

Pronto del baño salió gritando Graciela, agarrándose la cabeza a dos manos y mirando al hombre que sentado en la barra seguía disfrutando de su bebida.

– Yo a vos te lo dije Graciela, dejáte de Gracias, dejáte de maricadas que vos ya tenés dueño.

 Entre sollozos la agarró fuerte del brazo y se la llevó por el pasillo que ahora solo retumbaba con el sonido hueco de sus tacones fucsia.

xxcambio y fueraxxx