Amor ilíquido

Quería empezar esto con una intro dramática
y lo único que se me ocurrió fue justificar este pedazo de texto a la derecha.
Su servidora

No me considero una vieja fea ni mucho menos aburrida pero sé perfectamente que pertenezco a un -no sé si llamarlo- selecto grupo de viejas que siempre levantan por las razones equivocadas. A mis cercanos 30 puedo decir que he tenido un puñado de relaciones poco exitosas donde todas arrancaban con la misma ecuación: yo tenía que hacer todo para levantármelos a ellos. Y no lo digo con tono de molestia, al contrario, siempre alardeo de haberme llevado a la cama y a la casa de mis papás al tipo que quería y encontraba interesante, divertido, que se dejaba agarrar de la mano fuerte y dar besos en la calle sin miedo, pero que para que eso pasara primero estaba yo ahí pedaleando citas y llamando la atención del sujeto en cuestión en un acto tan desgastante que hoy, -recién ingresada al mundo de la soltería prolongada- encuentro inútil.

Porque para nosotras, las que nos acostumbramos a buscar lo que queremos, las que no esperamos a que nos encuentren para encajar en algún vacío emocional (pero que al final terminamos siéndolo de algún modo porque c’est la vie), las que no nos emocionamos con Tinder y nos vale verga decir “me gustas” o “te amo” de primeras, si, para nosotras no está diseñado el tipo de amor que está de moda*.

Amigos míos, oídme cuando os digo que la vida en pareja está sobrevalorada, que al cine, a la música y a la literatura no le cabe una sola pieza más que hable de amor y desamor, que nadie nos va a devolver el empeño que ponemos en el otro con el afán de sentirnos equipo, de construir, de crear y procrear, todo es bullshit! bullshit! bullshit!. Queridos compañeros vamos todos a reconciliarnos con la amistad, a hablar de lo bonito que es coincidir con esos amigos “ex convictos, santos y benedictos, cristianos y adictos, tantos y tan distintos” como dirían los Alcolirycoz. Hablemos de lo bien que se siente estar solos y completos entre un bullicio de gentes que conocen tus múltiples nombres y te han querido siempre por lo que eres. Vamos a intentar devolverle al tiempo su infinito valor y al amor el lugar que merece: no como un todo sino como una parte de un rompecabezas donde muchos podrán encontrar todas las piezas y armarlo a la perfección, otros querrán perderlas en el camino para nunca tener que ver el paisaje completo y otros, como yo, que odian los rompecabezas porque dan esa impresión de ser tan frágiles y aburridos…

Ahí perdonarán la cantidad de analogías pero es que el amor como un rompecabezas requiere tiempo y eso es justamente, amigos míos, lo que no tengo (para perder).

FIN.

 

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(*)Evento afortunado si tenemos en cuenta que la moda es también pasajera, reciclada de otras décadas y pues, no es para todo el mundo, en verdad os digo.
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