Manos ciegas

vía pinteres
Me gusta observarte a lo lejos cuando sé que no notas mi presencia. Sabes que odio llegar tarde a todos lados y más cuando sé que voy a verte. Con una cita pendiente tengo unos 15 minutos de ventaja para poder ubicarme donde sé que no me verás, el lugar exacto para ver tus movimientos improvisados, tu rostro cuando me buscas con la mirada y ese gesto de apatía que dibuja en tu boca una nuez apretada cada vez que alguien se te acerca demasiado.

Hoy me senté en la mesa que no acostumbro solo para tener desde allí la vista perfecta hacia tu llegada. Podré ver el momento en el que te bajas de bus, agarras tu mochila y hundes en ella la mano ciega que busca el celular. Antes de marcar y mientras lo ocultas de la mirada de un posible ladrón das una ojeada 360. ¿Qué buscas? me pregunto, ¿acaso algo en mí es tan fácil de ubicar en tan corto paneo? Te observo y mientras suena mi celular te sigo mirando. Ante tanto tono sin respuesta tus ojos develan angustia. Miras tu reloj, vuelves al 360 y nada. Cuelgas y yo te sigo observado. Ahora te agarras el pelo, enredas tus dedos formando esa trenza ingenua, deshecha y trajeada que te hace ver fresca y que no es otra señal más de tu pequeñísimo desespero.

También te veo cuando escribes con la cabeza baja e inmersa en el celular. Con tan pocos segundos intento adivinar que dirá esta vez tu SMS: “Ya llegué” ,”Estoy aquí”, “¿Donde estas?” el -bip bip- me estremece la mano y leo esta vez un: “Deja de mirarme como un bobo desde la ventana de Marea y ven a darme un beso. Ahora.”

Levanto la cara para encontrarme con tus ojos pero te has desvanecido. Me vuelco en un 360 y busco la trenza en un paneo. Nada salvo las hojas corren intrépidas por el parque. Pasan algunos segundos, ahora soy yo quien intenta llamarte. El ringtone de tu celular se escucha en el lugar, ya estás adentro… ahora puedo ver la mochila, luego las manos ciegas, la trenza y los ojos risueños que se aproximan a paso lento. Antes de que puedas sentarte anoto en mi libreta:

“Me acostumbré a verte de lejos cuando no me ves y a verte ir cuanto mis ojos no te alcanzan.”

La guardo y ordeno dos cafés.

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