Dama de compañía | Plagio a Bukowski

Mientras pasaba su acostumbrada sesión frente al computador Ana encontró un anuncio con enormes letras y vibrantes colores que decía:

BUSCO DAMA DE COMPAÑÍA

Completa discreción. Clic aquí para más info.

Movió el cursor y en menos de lo que dura un clic estaba inmersa en un blog de alguien que se hacía llamar KIKI. La imagen de perfil no decía mucho, era una fotografía que mostraba una parte de una espalda que bien podía ser de un hombre o una mujer. Al lado se podía ver el mismo anuncio, ahora con más texto que decía así:

BUSCO DAMA DE COMPAÑÍA

Me llamo KIKI. Tengo 26 años. Me gustan los mariscos, las películas mudas y los poemas de Efraim Medina. Prefiero las mujeres regordetas a las esbeltas, los chocolates al caramelo y los billetes a las monedas. Busco una dama de compañía con la que pueda salir y disfrutar de la vida nocturna de Bogotá.

Había una dirección de email y un teléfono al que le faltaba un número. ¿Casualidad?.

Ana repitió un par de veces más el anuncio y pensó que ella era lo suficientemente regordeta como para encajar en el perfil. No le aficionaba Medina pero que aquello del chocolate era lo suficientemente interesante como para enviar un email. La palabra DAMA es sofisticada, como de otro siglo, pensó.

Mientras abría una nueva pestaña en el navegador intentó pensar cómo lucía KIKI, si era un viejo verde o un adolescente amante de los comics como ella o quizás un asesino en serie que había cambiado de vida y estaba ahora buscando una compañera para darle sentido a su existencia. Sintió además que su vida era especialmente triste y aburrida como para reparar en detalles. Tal vez conocer a alguien nuevo no sería tan mala idea después de todo.

To: kikilove@live.com

Asunto: Dama de compañía

Mesaje:
¡Hola! Vi tu mensaje en un portal de comics. ¿Te gustaría concretar un cita?
Saludos, Ana.

Al cabo de un par de segundos recibió un correo de respuesta en el que KIKI adjuntaba su dirección y una carita feliz compuesta por dos puntos y un paréntesis cerrado.

Ana fumaba un cigarrillo para calmar los nervios que le producía tal encuentro.
Pasaron un par de horas de camino y ya se encontraba al frente de la puerta de un edificio de cinco pisos con una puerta de metal roído; a un lado habían cinco timbres con nombres diferentes que intentaban dar una guía a los visitantes:

1. Trevor

2. Bukowski

3. sArA

4. KIKI

5. Jhon

En menos de lo que tarda el sonido de un timbre de campana apareció KIKI en la puerta. No era un freak, mucho menos un anciano o un adolecente, era una mujer con sobre peso, con grandes tatuajes, perforaciones, con la cabeza rapada y una camiseta desteñida de AC/DC

—   Tu debes ser Ana

—   Y tu debes ser KIKI

—   ¿Qué comes que adivinas?

—   Hmmmm

—   Sigue, adelante, estás en tu casa.

—   No, gracias. A lo mejor no estoy interesada

—   ¿Cómo así?

—   Pensé que eras un chico. Bueno, un hombre por lo menos

—   ¿Qué tengo de malo? Soy casi un chico salvo por la raja de la entrepierna y estas tetas que me cuelgan, por todo lo demás soy un machito: eructo, me rasco el trasero, me encanta el futbol, digo groserías y me derrito con las gordas con tetas grandes como las tuyas.

Ana permaneció en silencio por unos minutos y al final decidió entrar.

—   Voy a quedarme  por un par de horas, debo volver a mi casa.

El apartamento de KIKI lucía algo deteriorado pero guardaba ciertos aspectos acogedores, muy femeninos, que le hacían sentirse a gusto. Ambas se sentaron en la mesa, bebieron unos tragos y se sumieron en una larga conversación sobre mujeres, libros y futbol.

—   Entonces buscas una dama de compañía

—   Así es, algo así como una prostituta decente. Alguien con quien no me de vergüenza salir a la calle y a quien pueda pagarle por unas buenas mamadas.

—   Entiendo…

—   ¿Entiendes? Tienes cara de no entender nada. ¿Alguna vez te has tirado a una mujer?

—   No, nunca

—   ¿Lo descartas?

—   No del todo

Sin más preámbulo que ese KIKI se sintió en confianza y le agarró con fuerza la pierna. No valieron los intentos de Ana por apartarla pues en menos de dos movimientos ya tenía esa figura pesada, sudorosa y maloliente sobre ella.

—    Por favor ve más despacio

—   ¿A qué te refieres?

—   ¡A que vayas más despacio! Estas a punto de asfixiarme ¡maldita sea!

—   ¿Entonces a que has venido? ¿por qué decidiste quedarte? Eres una zorra y quieres que yo sea tu juguete ¿verdad? Dime que es verdad

—   ¡Estas loco! O ¿loca? Quítate de encima, es una orden

Sin prestar la menor atención a la advertencia el espectáculo grotesco continuó hasta que en un intento desesperado, Ana estrelló un vaso repleto de vodka contra la cara de KIKI.

—   Cómo se nota que no te queda nada de mujer. No sabes parar a tiempo, no tienes modales. ¡Eres un maldito animal!

Gritos y sollozos eran todo lo que se podía oír al final del pasillo mientras Ana abandonaba el edificio. Salió sin prisa para no levantar sospechas y tomó el primer taxi que cruzó la avenida.

Ya en casa intentó repasar en su cabeza los momentos de aquella pesadilla. Decidió tomar un baño, porque era la forma más eficaz de limpiar el asco y la suciedad que tenía  impregnada en la ropa y en la piel.

Segundos antes de entrar a la ducha revisó de nuevo su email. Tenía allí un mensaje sin leer de : kikilove@live.com. Lo seleccionó y en menos de lo que dura un clic lo envió directo a la carpeta de spam.

charles-bukowski

Esta historia nació como parte de un ejercicio de un taller de cuento en el cual estoy participando hace un par de semanas.
La tarea era plagiar el cuento de Bukowski, contar la misma historia pero diferente.
Les dejo el original: Se busca una mujer- C. Bukowski

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