La zanahoria preferida | Deliros cotidianos

La zanahoria preferida – por allá en los 90’s

Cuando conocí a quien ahora es mi novio lo segundo que le dije fue: mira, creo que debes saber que soy la zanahoria preferida de alguien. En ese mismísimo instante sus ojos se tornaron vidriosos, las cejas se levantaron al tiempo de sus lugares y rascándose levemente la cabeza hizo ese gesto con el que dice sin palabras: ¿de qué carajos estás hablando?.
Yo sabía que él no había entendido un carajo y yo tampoco quería explicárselo ese día, ni el siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente, pues sabía que llegaría este día, en el que me sentara a escribir el por qué soy la zanahoria de alguien.

De niña siempre me vestían de naranja, un “amarillo quemado” como decía mi profesora de primaria. Al principio todos pensaban que era un mero gusto de mi mamá pero cuando comencé a recibir regalos de cumpleaños [de personas conocidas y desconocidas] cosas naranjas como medias, vestidos, diademas, coronas, zapatos, bufandas, monederos, relojes, gafas, etc, entendieron que iba más allá de un simple capricho. Todo era naranja o “anaranjado” como dice mi sobrino. Algunos decían que ese color me “sentaba”, que me hacía ver los cachetes más colorados, los ojos más claros y el cabello más castaño. Recuerdo que entonces había un enterizo [adivinen de qué color] que me encantaba, era súper cómodo y parecía no ensuciarse con nada. En el pecho traía dibujado un barquito blanco y si me miraban de lejos con él puesto era la figura viva de una zanahoria; hasta el pelo con cola de caballo se movía con el viento como las ramitas de zanahoria de las caricaturas.

Eran buenas épocas, yo era una zanahoria, digo, una niña inquieta que corría por todo lado. Llegaba a ser tan desesperante que el novio de turno de mi hermana me apodó “piquiña“.  [Piquiña- zanahoria, como una zanahoria con varicela.]

Viví navidades naranjas, vi atardeceres con amarillo quemado por el sol, y comí naranjas muy anaranjadas. Eran buenas épocas las de mi niñez.
Luego pasaron años y varias sirvientas que lavaron con ropa negra mis vestidos naranja convirtiéndolos en pobre Tai Dai.  Para esos días yo ya no era la zanahoria de antes ni la piquiña de nadie.

Los más insólito de esta historia es que hoy [sin una sola prenda naranja en mi armario] sigo siendo la zanahoria preferida de alguien, de la misma que entonces me miraba vestida de “anaranjado” y me decía con alegre sonrisa: ¡¡Tú eres mi zanahoria preferida!!

Ella, mi hermana, mi segunda mamá, una “alcahueta de primera”, como solía decirle la sirvienta de turno, por allá en los gloriosos noventa.

con amor para la Lele.

xxcambio y fueraxx

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2 comentarios sobre “La zanahoria preferida | Deliros cotidianos

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