Archivos Mensuales: noviembre 2013

La zanahoria preferida | Deliros cotidianos

La zanahoria preferida – por allá en los 90’s

Cuando conocí a quien ahora es mi novio lo segundo que le dije fue: mira, creo que debes saber que soy la zanahoria preferida de alguien. En ese mismísimo instante sus ojos se tornaron vidriosos, las cejas se levantaron al tiempo de sus lugares y rascándose levemente la cabeza hizo ese gesto con el que dice sin palabras: ¿de qué carajos estás hablando?.
Yo sabía que él no había entendido un carajo y yo tampoco quería explicárselo ese día, ni el siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente, pues sabía que llegaría este día, en el que me sentara a escribir el por qué soy la zanahoria de alguien.

De niña siempre me vestían de naranja, un “amarillo quemado” como decía mi profesora de primaria. Al principio todos pensaban que era un mero gusto de mi mamá pero cuando comencé a recibir regalos de cumpleaños [de personas conocidas y desconocidas] cosas naranjas como medias, vestidos, diademas, coronas, zapatos, bufandas, monederos, relojes, gafas, etc, entendieron que iba más allá de un simple capricho. Todo era naranja o “anaranjado” como dice mi sobrino. Algunos decían que ese color me “sentaba”, que me hacía ver los cachetes más colorados, los ojos más claros y el cabello más castaño. Recuerdo que entonces había un enterizo [adivinen de qué color] que me encantaba, era súper cómodo y parecía no ensuciarse con nada. En el pecho traía dibujado un barquito blanco y si me miraban de lejos con él puesto era la figura viva de una zanahoria; hasta el pelo con cola de caballo se movía con el viento como las ramitas de zanahoria de las caricaturas.

Eran buenas épocas, yo era una zanahoria, digo, una niña inquieta que corría por todo lado. Llegaba a ser tan desesperante que el novio de turno de mi hermana me apodó “piquiña“.  [Piquiña- zanahoria, como una zanahoria con varicela.]

Viví navidades naranjas, vi atardeceres con amarillo quemado por el sol, y comí naranjas muy anaranjadas. Eran buenas épocas las de mi niñez.
Luego pasaron años y varias sirvientas que lavaron con ropa negra mis vestidos naranja convirtiéndolos en pobre Tai Dai.  Para esos días yo ya no era la zanahoria de antes ni la piquiña de nadie.

Los más insólito de esta historia es que hoy [sin una sola prenda naranja en mi armario] sigo siendo la zanahoria preferida de alguien, de la misma que entonces me miraba vestida de “anaranjado” y me decía con alegre sonrisa: ¡¡Tú eres mi zanahoria preferida!!

Ella, mi hermana, mi segunda mamá, una “alcahueta de primera”, como solía decirle la sirvienta de turno, por allá en los gloriosos noventa.

con amor para la Lele.

xxcambio y fueraxx

Anuncios
Etiquetado , , ,

Final y comienzo | Sesión Final para Delirio | Club De lectura‏

club2

Nos despedimos de Laura Restrepo e iniciamos un libro nuevo

Ha llegado la hora de cerrar con broche de oro el primer libro del Club De Lectura Delirios, por eso nos reuniremos de nuevo para hablar, almorzar y elegir uno de los dos libros que propuso John Fory para las siguientes sesiones:

Fundación de Isaac Asimov
Es el primer libro de la Primera Trilogía de la Fundación escrita por Isaac Asimov, es una colección de 5 relatos cortos que hablan de un futuro muy lejano con condiciones netamente humanas. En este futuro la humanidad se ha extendido por toda la Galaxia adoptando una forma de gobierno imperial llamado el Imperio Galáctico el cual comienza a corromperse y estancarse en cuanto a nuevos conocimientos científicos asumiendo que todo lo que el hombre puede o debe descubrir ya está hecho.

La Calle 10 de Manuel Zapata Olivella
El tema de la indiferencia citadina es retomado por Zapata Olivella en su novela la calle 10, pero en este caso las victimas ya no son criaturas solitarias. El material de construcción es el pueblo mismo en el que se desarrolla la violencia urbana frente a la opulencia de sus clases dirigentes y los abusos coercitivos de una policía tan o más viciosa que la descrita en Cóndores no entierran todos los días. La vida del sector conocido como La plaza de Mayo es retratada con detalle. La miseria, el hambre, el horror, la rabia y la muerte, nutren la vida del desafortunado sector de la ciudad. Existen dos personajes que le otorgan el hilo a la narración, un poeta socialista y un boxeador.

¿Cuál les gustaría leer?
Nos vemos el próximo martes 3 de diciembre en el café Juan Valdez de la calle 73 con 9 a las 6:30 pm.

¡Los espero!

Etiquetado , , , , ,

Cuentos clásicos | El origen del mal de Leo Tolstoi

Leo Tolstoi (1828-1910)
vía Pinterest

En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas.

En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobre el origen del mal.

-El mal procede del hambre -declaró el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.

El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.

-Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella “¿Habrá comido?”, nos preguntamos. “¿Tendrá bastante abrigo?” Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.

-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. Si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.

El ciervo no fue de este parecer.

-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho, y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.

Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:

-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.

vía: http://goo.gl/aajtZO

Etiquetado , , , , , ,

Lolita

lana

Sufro de una especie de melancolía crónica que me lleva a escuchar fervientemente a Lana del Rey mientras prendo un cigarrillo, llevo el humo a través de la garganta y lo despido pacientemente, una y otra y otra vez, con extraña sensualidad .

Suelo estar frente al espejo cuando lo hago. Primero me suelto el pelo y comienzo a armar en el un estilo a lo Jackie Onassis, luego  me pongo un labial rojo muy rojo y comienza la función…

Justo en el instante en el que no puedo reconocerme en el espejo tomo el cepillo como micrófono imaginario y le canto a mi gato que me mira desde la ventana. Algunas veces imagino a James Dean entrando por esa misma ventana, otras lo escucho llorar en el baño mientras se inyecta.

Las lagrimas negras por el rímel no dan espera, el vestido rojo que uso ahora se tiñe de gris y siento de pronto que estoy en el video de Blue Jeans.
La habitación se inunda, se desborda ante la cálida lluvia que moja los recuerdos y que va dejando marcas en el suelo de esa extraña, humeante y seductora melancolía.

It’s like I told you honey

Dedicado a mi adorada Anilina.

xxcambio y fueraxx

Etiquetado , , , , ,