La manera más dulce de morir

vía pinterest.com

Tres manzanas podridas reposaban en la cesta de la mesa de centro de la casa de Mila. Cada manzana miraba a la otra y sonreía al ver nuevas manchas aparecer en su piel conforme pasaban los días, la brisa, la luz del sol, las patas del gato juguetón y las miradas de asco de Mila mientras recitaba un cansado – ¡Mañana si se van al vertedero! –

¡Míralo ahora, qué gordo se ve!
dice la manzana menos podrida  a sus arrugadas compañeras  – ¡se está dando una buena cena de moho!- dice en tono alegre mientras persigue con la mirada el vuelo circular del mosco que hace días las rodea.

– ¡A mi no me viene en gracia! hoy amanecí más rancia que nunca. Hoy quiero irme al vertedero y esperar a que una rata me muerda el corazón para poder partir de una vez por todas. ¡No soporto este lugar! ¡No quiero más huevos de ese maldito mosco sobre mi cuerpo! No quiero tener que que oír una vez más su voz chillona diciendo- ¡Mañana si se van al vertedero!

-¡A mi ni me va, ni me viene! – respondió la tercera manzana – me parecen graciosas esas diminutas patas que hacen cosquillas en mi cabeza. Por mi, que me acabe a mordisquitos. ¡Ha de ser la manera más dulce de morir!

Pasarían días y noches enteras antes de que estas tres dulces y disecadas manzanas partan por fin al vertedero, abandonando la vida sin probar siquiera un mordisco de pena ni gloria. Fin.

xxcambio y fueraxxx

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Una cita con la lectura

Flyer

Hoy estaré en el magnífico evento para amantes de la literatura:  Lectura bajo los árboles que no es otra cosa que el mismísimo paraíso para los amantes de la literatura. Es como una mini convención al aire libre para ratones de biblioteca y donde encuentro una excelente oportunidad para capturar nuevos lectores invisibles.

Sé que la idea de los volantes no es la más ecológica del mundo pero pueden estar seguros que le diré a quienes lo reciban que una vez visiten el blog y se hagan fans de Miss Delirios en Facebook, pueden conservarlo para luego convertirlo en un separador de página, en su saca ñuflas o en un lindo avioncito de papel.

Pueden consultar la programación aquí

¡Allá nos vemos !

Juan Rulfo y el desafío de la creación

Juan Rulfo. Foto tomada del libro Noticias sobre Juan Rulfo de Alberto Vital, Pag 99
Juan Rulfo. Foto tomada del libro Noticias sobre Juan Rulfo de Alberto Vital, Pag 99

Queridos lectores, mientras iniciamos nuestro magnífico Club de Lectura Delirios quiero compartir con ustedes un interesante artículo de la web: http://www.ciudadseva.com/ donde Juan Rulfo nos habla de su experiencia con la creación literaria, la cual parte – esencialmente – de una mentira llamada literatura. Disfrútenlo y compártanlo. 

Desgraciadamente yo no tuve quién me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí.

Están ellos platicando; se sientan en sus equipajes en las tardes a contarse historias y esas cosas; pero en cuanto uno llega, se quedan callados o empiezan a hablar del tiempo: “hoy parece que por ahí vienen las nubes…” En fin, yo no tuve esa fortuna de oír a los mayores contar historias: por ello me vi obligado a inventarlas y creo yo que, precisamente, uno de los principios de la creación literaria es la invención, la imaginación. Somos mentirosos; todo escritor que crea es un mentiroso, la literatura es mentira; pero de esa mentira sale una recreación de la realidad; recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación.

Considero que hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar. Esos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia: ahora, yo le tengo temor a la hoja en blanco, y sobre todo al lápiz, porque yo escribo a mano; pero quiero decir, más o menos, cuáles son mis procedimientos en una forma muy personal. Cuando yo empiezo a escribir no creo en la inspiración, jamás he creído en la inspiración, el asunto de escribir es un asunto de trabajo; ponerse a escribir a ver qué sale y llenar páginas y páginas, para que de pronto aparezca una palabra que nos dé la clave de lo que hay que hacer, de lo que va a ser aquello. A veces resulta que escribo cinco, seis o diez páginas y no aparece el personaje que yo quería que apareciera, aquél personaje vivo que tiene que moverse por sí mismo. De pronto, aparece y surge, uno lo va siguiendo, uno va tras él. En la medida en que el personaje adquiere vida, uno puede, por caminos que uno desconoce pero que, estando vivo, lo conducen a uno a una realidad, o a una irrealidad, si se quiere. Al mismo tiempo, se logra crear lo que se puede decir, lo que, al final, parece que sucedió, o pudo haber sucedido, o pudo suceder pero nunca ha sucedido. Entonces, creo yo que en esta cuestión de la creación es fundamental pensar qué sabe uno, qué mentiras va a decir; pensar que si uno entra en la verdad, en la realidad de las cosas conocidas, en lo que uno ha visto o ha oído, está haciendo historia, reportaje.

A mí me han criticado mucho mis paisanos que cuento mentiras, que no hago historia, o que todo lo que platico o escribo, dicen, nunca ha sucedido y es así. Para mí lo primero es la imaginación; dentro de esos tres puntos de apoyo de que hablábamos antes está la imaginación circulando; la imaginación es infinita, no tiene límites, y hay que romper donde cierra el círculo; hay una puerta, puede haber una puerta de escape y por esa puerta hay que desembocar, hay que irse. Así aparece otra cosa que se llama intuición: la intuición lo lleva a uno a pensar algo que no ha sucedido, pero que está sucediendo en la escritura.

Concretando, se trabaja con: imaginación, intuición y una aparente verdad. Cuando esto se consigue, entonces se logra la historia que uno quiere dar a conocer: el trabajo es solitario, no se puede concebir el trabajo colectivo en la literatura, y esa soledad lo lleva a uno a convertirse en una especie de médium de cosas que uno mismo desconoce, pero sin saber que solamente el inconsciente o la intuición lo llevan a uno a crear y seguir creando.

Creo que eso es, en principio, la base de todo cuento, de toda historia que se quiere contar. Ahora, hay otro elemento, otra cosa muy importante también que es el querer contar algo sobre ciertos temas; sabemos perfectamente que no existen más que tres temas básicos: el amor, la vida y la muerte. No hay más, no hay más temas, así es que para captar su desarrollo normal, hay que saber cómo tratarlos, qué forma darles; no repetir lo que han dicho otros. Entonces, el tratamiento que se le da a un cuento nos lleva, aunque el tema se haya tratado infinitamente, a decir las cosas de otro modo; estamos contando lo mismo que han contado desde Virgilio hasta no sé quienes más, los chinos o quien sea. Mas hay que buscar el fundamento, la forma de tratar el tema, y creo que dentro de la creación literaria, la forma -la llaman la forma literaria- es la que rige, la que provoca que una historia tenga interés y llame la atención a los demás.

Conforme se publica un cuento o un libro, ese libro está muerto; el autor no vuelve a pensar en él. Antes, en cambio, si no está completamente terminado, aquello le da vueltas en la cabeza constantemente: el tema sigue rondando hasta que uno se da cuenta, por experiencia propia, de que no está concluido, de que algo se ha quedado dentro; entonces hay que volver a iniciar la historia, hay que ver dónde está la falla, hay que ver cuál es el personaje que no se movió por sí mismo. En mi caso personal, tengo la característica de eliminarme de la historia, nunca cuento un cuento en que haya experiencias personales o que haya algo autobiográfico o que yo haya visto u oído, siempre tengo que imaginarlo o recrearlo, si acaso hay un punto de apoyo. Ése es el misterio, la creación literaria es misteriosa, y uno llega a la conclusión de que si el personaje no funciona, y el autor tiene que ayudarle a sobrevivir; entonces falla inmediatamente. Estoy hablando de cosas elementales, ustedes deben perdonarme, pero mis experiencias han sido éstas, nunca he relatado nada que haya sucedido; mis bases son la intuición y, dentro de eso, ha surgido lo que es ajeno al autor.

El problema, como les decía antes, es encontrar el tema, el personaje y qué va a decir y qué va a hacer ese personaje, cómo va a adquirir vida. En cuanto el personaje es forzado por el autor, inmediatamente se mete en un callejón sin salida. Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer, precisamente, es la eliminación del autor, eliminarme a mí mismo. Yo dejo que aquellos personajes funcionen por sí y no con mi inclusión, porque entonces entro en la divagación del ensayo, en la elucubración; llega uno hasta a meter sus propias ideas, se siente filósofo, en fin, y uno trata de hacer creer hasta en la ideología que tiene uno, su manera de pensar sobre la vida, o sobre el mundo, sobre los seres humanos, cuál es el principio que movía las acciones del hombre. Cuando sucede eso, se vuelve uno ensayista. Conocemos muchas novelas-ensayo, mucha obra literaria que es novela-ensayo; pero, por regla general, el género que se presta menos a eso es el cuento. Para mí el cuento es un género realmente más importante que la novela porque hay que concentrarse en unas cuantas páginas para decir muchas cosas, hay que sintetizar, hay que frenarse; en eso el cuentista se parece un poco al poeta, al buen poeta. El poeta tiene que ir frenando el caballo y no desbocarse; si se desboca y escribe por escribir, le salen las palabras una tras otra y, entonces, simplemente fracasa. Lo esencial es precisamente contenerse, no desbocarse, no vaciarse; el cuento tiene esa particularidad; yo precisamente prefiero el cuento, sobre todo, sobre la novela, porque la novela se presta mucho a esas divagaciones.

La novela, dicen, es un género que abarca todo, es un saco donde cabe todo, caben cuentos, teatro o acción, ensayos filosóficos o no filosóficos, una serie de temas con los cuales se va a llenar aquel saco; en cambio, en el cuento tiene uno que reducirse, sintetizarse y, en unas cuantas palabras, decir o contar una historia que otros cuentan en doscientas páginas; ésa es, más o menos, la idea que yo tengo sobre la creación, sobre el principio de la creación literaria; claro que no es una exposición brillante la que les estoy haciendo, sino que les estoy hablando de una forma muy elemental, porque yo les tengo mucho miedo a los intelectuales, por eso trato de evitarlos; cuando veo a un intelectual, le saco la vuelta, y considero que el escritor debe ser el menos intelectual de todos los pensadores, porque sus ideas y sus pensamientos son cosas muy personales que no tienen por qué influir en los demás ni hacer lo que él quiere que hagan los demás; cuando se llega a esa conclusión, cuando se llega a ese sitio, o llamémosle final, entonces siente uno que algo se ha logrado.

Como todos ustedes saben, no hay ningún escritor que escriba todo lo que piensa, es muy difícil trasladar el pensamiento a la escritura, creo que nadie lo hace, nadie lo ha hecho, sino que, simplemente, hay muchísimas cosas que al ser desarrolladas se pierden.

Fuente: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/rulfo1.htm

Un club delirante para amantes de los libros

club de lectura Delirios

Hace algunos días me rondaba la idea de armar un club de lectura con amigos y conocidos. Luego recordé que muy pocos de mis amigos son amigos de la lectura y que algunos de mis conocidos rara vez se encuentran en línea para compartir acerca de las lecturas que acompañan sus días.

Por eso, y en pro de generar encuentros mucho más personales, cercanos, humanos, decidí armar el primer grupo de Lectura llamado Delirios.

Tras una minúscula pero importante corriente de likes y favs en Facebook y Twitter de la moción, me lanzo al ruedo con esta aventura que me llena de emoción.

Quienes puedes participar?

Son bienvenidos todos los que quieran. Diría que la edad mínima para participar son los 14 años en adelante.

Cómo funciona?

Arrancamos con un mínimo de 4 participantes y mantendremos el grupo hasta un máximo de 9. ( ¿por qué 9 y no 10? Porque nueve es un número bonito)

La idea es reunirnos 1 vez cada 2 semanas en el lugar previamente acordado por el monitor de turno.

Los monitores seremos todos en determinado tiempo, donde cada uno propondrá la lectura de un libro, coordinará las fechas de las sesiones, y llevará el vino y parte de los snacks (¡yei!)

Para empezar yo seré la primera monitora y nos reuniremos en la primera sesión en mi casa, luego miraremos si podemos cambiarlo por cafés, librerías, galerías etc, etc.

Requisitos

–       Ser un amante empedernido de la lectura, de los libros y del vino (o de cualquier bebida alcohólica que ayude a socializar. Los lectores somos por naturaleza tímidos y a veces celosos con lo que leemos, por eso el alcohol nos ayudará a entrar en el mood delirante que nos lleve a pedir la palabra y no a sacarlas a empujones)

–       Ser una persona responsable y cumplida (responsable con la lectura y cumplida con los horarios de las sesiones. (De todos depende que este club funcione)

–       Ser un insolente . Para hablar, para compartir, para disfrutar. ¡Es todo lo que necesitamos!

¿Te unes?

Por favor escribe debajo de este post tu nombre completo e email para enviarte la información de la primera sesión que se realizará en Octubre de 2013.

¡Allá nos vemos!

Caer es levantarse dos veces

Hace dos meses era yo quien escribía cosas como estas, quien soñaba con tener un cuerpo perfecto sin el más mínimo esfuerzo y quien pensaba que el deporte era para gente ñoña.

Hace dos meses decidí retarme a mi misma,  comencé a correr como si un violador me persiguiera y como si al final del camino estuviera un almacén de zapatos con 50% de descuento.

Hace dos meses mis papás hablan entre ellos acerca de cuánto he cambiado después de no saber “qué deporte practicar” y mis hermanas entre burlas se sorprenden de verme sudar por algo diferente a una pregunta incómoda.

Pues sí señores, hace dos meses que este pechito se dedicó a esa cosa rara y a veces extraña llamada deporte. Mis fines de semana pasaron de ser extremadamente perezosos a extremadamente sudorosos. Pasé de comprarme bolsos y maquillaje en descuento a ropa deportiva, tenis y a llenar mis boards de Pinterest con frases de motivación y tips alimentación saludable.

Ahora bien, esto no quiere decir que haya sacado de mi vida los nachos con queso, la cerveza o las tardes de domingo en pijama viendo películas, ¡de ninguna manera! solo siento que por fin encontré una nueva forma de sacar mis demonios in a healthy way y de poder disfrutar aún más una hamburguesa cuando sé que al día siguiente voy a sudar hasta la última papa frita.

Es así como el pasado domingo emprendí mi primer gran reto corriendo mis primeros 10K. Los nervios y el stress que comencé a sentir casi dos semanas antes de la carrera no se comparan con nada que haya experimentado antes. Tenía pesadillas constantes en las que no lograba llegar a la competencia, me perdía de la ruta o llegaba de últimas, incluso detrás de la comitiva de la tercera edad. Todo esto me hacía dudar en si estaba verdaderamente preparada para enfrentarlo.

Fue entonces, cuando al estar a cinco días de la competencia y tras vivir un fin de semana de perdición en Medellín ( cero ejercicio + too much alcohol) comencé a recuperar el tiempo perdido. Sabía que no debía entrenar los días cercanos a la competencia así que arranqué ese martes con el “calentamiento previo”. En mi ruta acostumbrada – del trabajo a la casa – comencé a pensar demasiado en lo que sería esa carrera dado mi estado físico. Sudé como nunca, me sentía débil, fofa y lenta, comencé a pensar que era mejor renunciar, que ya decía yo que el cuerpo era de esas máquinas desagradecidas que cuando dejas de usar por un par de días se oxida, que mejor no iría a la carrera para no ser el hazme reír de todos mis amigos. etc etc etc.
Sin medir las consecuencias que estos pensamientos negativos traían a mi rutina y casi en lo que dura un parpadeo mi pie derecho se atoró en la tapa levantada de un anden. Caí lenta y dolorosamente sobre el asfalto. Los audífonos saltaron de mis oídos, mi cachete rozó el suelo y la cabeza me daba vueltas mientras escuchaba a la gente que estaba cerca morir de la risa con mi caída. Estaba demasiado mareada pero aún así me levanté más rápido de lo que caí, me sacudí las piernas, la cara y salí a correr como demente. Solo quería alejarme de esos idiotas y sus burlas, solo quería llegar a mi casa.

Cinco cuadras más tarde la rodilla comenzó a doler y las lágrimas retenidas saltaron por mis ojos. De inmediato recordé a mi mamá quien en mis mil y un “porrasos” de la infancia sacudía con cariño mis rodillas mientras repetía dulcemente “no pasó nada, no pasó nada.”

Envuelta en mocos, tierra y dolor llegué a mi casa. Frustrada recordé el día que mi pierna se fracturó en pleno entrenamiento de patinaje y no pude volver a subirme en uno de esos jamás. Recordé que la carrera estaba a la vuelta de la esquina y que nuevamente había quedado ridiculizada. Llamé a mi mamá porque quería que me dijera que no pasaba nada mientras yo entre lágrimas le decía que la mierda del deporte no era para mi, que me había cagado en la carrera y ella al otro lado del teléfono me daba su consuelo, me repetía que no debía perder el impulso, que no había pasado nada, grave.

Lo que vino después fueron días de angustia y algo de dolor pero mucho optimismo. Mi rodilla se infló, luego cedió y me dejó un morado que pasó por varias formas, colores y sabores. Pensé en cambiar mi pantaloneta nueva por unos leggins largos que taparan mi herida, pero al final me aventuré y decidí llevar el golpe con firmeza, como quien muestra sus heridas de guerra con orgullo.

Ayer, tras despertar de un sueño con alienígenas que me teletransportaban a la meta, asistí a la cita más importante que tuve en años. Me uní a esa oleada de personas completamente concentrada, con la frente en alto  y sobre todo con la mente dispuesta a disfrutar del camino hasta la meta sin importar el resultado. Con la piernas dormidas en los últimos kilómetros y con un pequeño dolor en la rodilla me acercaba poco a poco a la meta. No fuí la primera, pero tampoco la última. No logré hacerlo en menos de una hora, pero superé mi propia marca.

Hace dos meses nadie creía que Miss Delirios  lograría levantarse de su cama antes de las 10:00 am un domingo. Hace dos días comprendí que tanto en la vida como en el deporte, caer es levantarse dos veces.

1 sept 2013
1 sept 2013

Dedicado a @po11inux, @gusounds, @amarulero y @carloscaicedo por ser mis más grandes ejemplos a seguir (deportivamente hablando)

A mi mamá por enseñarme lo valioso que es para la  cabeza repetir el “¡Aquí no pasó nada!” y a mi hermana Karo quien no me vio llegar a la meta (porque fui muy rápida – guiño guiño-)

y a todos los idiotas que se rieron al verme caer en la séptima. Putos.

Cortinilla de cierre:  Gonna Fly Now de Bill Conti 

xxxcambio y fueraxxx