Archivos Mensuales: julio 2013

¡No te comas las pepas!

-No te comas las pepas!

Era lo primero que gritaba doña Glo – mi mamá- cada vez que me veía engolosinada con jugosas uvas, refrescantes cascos de mandarina, con un delicioso slide de sandía o con cualquier fruta que tuviera en su interior la maldición de la pepa.

Su teoría era que si uno se tragaba las pepas, en el estómago comenzaría a crecer un árbol de aquella fruta y crecería tanto y tan rápido que sus ramas se atascarían en mi garganta y me harían morir lenta y tortuosamente por falta de aire.

Hasta la fecha no he podido saber quién le metió semejante cuento tan chimbo a mi mamá, lo único que yo sé es que tanto mis preferencias alimenticias como mi concepto de pepa ha cambiado radicalmente en los últimos años.

Veamos:

Ser pepa: dícese de el espécimen humanoide con altas capacidades intelectuales que siempre termina quitándole el puesto a uno o tumbándole las teorías como las de “el árbol de pepas en el estómago” con un caso de factorización.

LA pepa: alucinógeno noventero, popularizado como éxtasis, que te pone en onda, con mucha energía para durar hora y horas y horas y horas. haciendo lo que quieras que estés haciendo.

Doña Pepa: señora que vendía los dulces en mi primer trabajo. Una matrona, bajita, con cachetes rojizos, bonachona ella, que no dejaba de sonreír aun cuando uno llegaba a pedirle fiado.

Así pues, lejos están los conceptos de pepas modernos con el cuento vieja guardia de mi mamá. Gracias a esta maldición hoy puedo decir que por mi cabeza no pasa jamás la más mínima intención de comerme una mandarina; las uvas las prefiero pasas y en el arroz con leche y la sandía…. bueno, la sandía tiene una maldición post modernista que dice que si uno se la come 10 minutos después de abierta se convierte en un potente veneno, también si se mezcla con leche o licor.  – Vaya uno a saber.-

Por eso, madres del futuro, la moraleja de este escrito corto y casi sin sentido es una invitación abierta a crear historias no tan fantásticas en la cabeza de sus hijos. Ellos merecen conocer la verdad sin disfraces, ellos necesitan crecer sin traumas encerrados en cosas tan dulces como las frutas.

¡Por una vida sin mentiras y frutas sin pepas!

xxxcambio y fueraxxx

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