Martina

Soy Martina tengo 29 años y tengo cáncer. Llevo más de 24 meses luchando por sobrevivir a esta enfermedad que se llevó a mi madre, a mi tía y a mi abuela en el mismo año.  Quisiera decir que ha sido fácil, que no me duele nada y que sigo tan fuerte como siempre. Que puedo dormir tranquila, que no lloro por las noches y que no le tengo miedo a la muerte.

Pero por sobre todas las cosas, quisiera decir que no me ha afectado el hecho de perder mi cabello…

Hoy vengo aquí porque creo estar perdiendo la cabeza y necesito de su ayuda.

Tomando su vestido con ambas manos, para no arrugarlo mientras se sentaba, Martina miró uno a uno a sus compañeros de terapia con un aire de satisfacción, similar al de quien ha confesado un retorcido secreto.

Todos la aplaudieron y sonrieron con el ánimo hipócrita de que naba pasaba.

Poniéndose de pie el doctor Monsalve dijo:

Es muy valioso de tu parte que hayas venido a acompañarnos. Estamos muy complacidos de contar con tu presencia y trataremos de ayudarte en este proceso tan difícil por el que estás atravesando.

Eso es todo Señores, mañana comenzaremos con la primera actividad a la misma hora.

Los espero.

El Doctor Monsalve, quien había atendido casos extremos de locura y desquiciamiento crónico, quedó sorprendido con la historia de Martina, por lo que antes de verla salir en su auto la detuvo por un momento para hacerle unas preguntas “ de rutina”.

−         Martina, antes de que te vayas me gustaría preguntarte un par de cosas, si no es mucha molestia.

−         No lo es. Adelante doc, ¿qué quiere saber? – respondió Martina guardando las llaves de su auto en el bolso-

−         Eres la paciente más cuerda que he tenido, y no te miento. Tu historia me conmovió y quisiera saber por qué crees que estás perdiendo la cabeza. Por qué decides venir a un lugar donde a todos, evidentemente, les falta una tuerca?

−         Súbase Doc, vamos al lago. Allí me sentiré más  tranquila y responderé sus preguntas.

El viaje, que no duró más de 15 minutos, transcurrió en un incómodo silencio lleno de miradas esquivas.

Una vez llegaron al lago se sentaron ambos en el capó del auto. El viento amenazaba con llevarse la pañoleta que cubría la cabeza desnuda de Martina y el Doctor, en un gesto incómodo, intentaba mantener su corbata en orden.

Verá usted, Doctor Monsalve, sufro de un trastorno inexplicable que me da vueltas la cabeza, que me hace perder la tranquilidad y que me tiene al borde del abismo….

Todo comenzó el día de mi quinta quimioterapia:

Madrugué y me sentía más firme que nunca. Me miré al espejo, repetí lo fuerte que era y caminé hasta el consultorio sin mirar atrás.
Yo era una de las pocas pacientes en esa sala que no había perdido el cabello. Antes del cáncer gozaba de una hermosa cabellera negra, lacia y muy espesa. Muy, muy brillante, larga y armoniosa. Podría asegurar que todos los amantes que había tenido hasta entonces se habían enamorado primero de mi pelo y luego de mi.

Por eso para todos fue una gran sorpresa ver que mi pelo se resistía, perdía un poco de brillo con el paso de los días, pero seguía ahí, completamente firme, quimio tras quimio.

En  esa, mi quinta quimioterapia sentí la muerte treparse por los pies. Fue extremadamente dolorosa y ruin. Vomité durante varias semanas y sentía que se me agotaban las fuerzas. Poco a poco, y como si se tratara de una maldición, comencé a notar grandes zonas sin pelo en mi cabeza. La almohada, la ducha y el cepillo parecían mostrarme la cruda realidad y la falsa felicidad de la que había gozado.

Unos cuantos días después, me miré al espejo y ya no había nada. Mi cabeza ahora brillaba pero con la piel y veía en el espejo un maniquí triste y débil.

Ahí mismo, en ese preciso instante comenzó mi calvario.
Por extraño que pueda parecerle, ese día comencé a experimentar la cosa más rara que me hubiese pasado en la vida. Cada mañana al despertar sentía – literalmente – el peso del pelo en mi cabeza, como cuando tenía una trenza, la trenza que me tejía todas las noches antes de dormir.

Luego en las tardes, cuando la brisa otoñal pegaba en mi ventana, experimentaba la extraña sensación de los lazos de cabello enredándose alrededor mi cara, bailando con el viento.

Una noche, mientras me quitaba la ropa sentí un cosquilleo siniestramente similar al de una cabellera rozando mi espalda.

Durante todo ese tiempo además, tuve sueños en los que me despeinaba en conciertos de rock, pesadillas donde protagonizaba peleas con chicas en las que nos arrancábamos mechones enteros de pelo y episodios cortos donde veía a mi abuela o a mi mamá peinando mi larga cabellera frente a un espejo.

Una tarde, hace menos de tres días, estaba en el supermercado. Cuando me agaché a tomar la última lata de aceitunas que quedaba un niño se acercó y sentí como si me halara, de un solo tirón, una parte del cabello. Fue a carne viva tal sensación que solté un estruendoso “¡¡ouch!!” mientras me acariciaba- ingenuamente- la cabeza lampiña y mientras el niño sonreía pícaramente frente a mi.

En estos momentos Doc, le juro que siento que si me saco la pañoleta voy a sentir en mi rostro el fantasma de esa cabellera. Voy a mover las manos tratando de acomodarla para evitar que se enrede y sentiré en mi nariz el perfume del shampoo de oliva.

Como verá, he perdido mucho de mi cabeza, la cordura entre otras cosas…

En silencio el Doctor Monsalve cerró los ojos y sintió en su rostro algo extraño, inexplicable pero agradable. Percibió el suave olor a oliva y se deleitó con la suave caricia que le mantenía los ojos cerrados; una brisa fría y delgada que simulaba a la perfección la sensación de tener un millón de cabellos danzando en el aire.

xxcambio y fueraxxx

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10 pensamientos en “Martina

  1. @anitarciniegas dice:

    Me sorprendió el giro del cabello, nunca piense qué se fuera a tratar de eso… El cabello, es de esas cosas que te definen, o crees qe te definen hasta que las pierdes, ya no están y sin embargo continúas tú, tú y tu vida… Eso te revela que lo que eres está hecho por cosas más sutiles, cosas que superan la muerte.

    Lo mismo pasa cuando pierdes a un ser amado con el que crees que contarás todas tu vida; un día su presencia no está más, y sin embargo descubres en medio de ese aparente vacío que permanece eso que te ha hecho ser tú mismo siempre, que el camino construido y el amor no desaparecen.

  2. Tao dice:

    Se había dejado llevar por la calma al no absorber imágenes nuevas con sus ojos, creando en su mente un mundo diferente, un mundo al que estaba visitando con las palabras de Martina como guía, como narrador, como dueña y creadora, como… como si fuera real. El mundo al que es invitado por quien dice ser su paciente, las puertas están abiertas de par en par y lo envuelven como una manta, pero no para protegerlo del frío, mas bien, lo encapsulan y lo alejan de la absurda realidad en la que ambos viven.

    Martina gira lentamente y lo observa sin dejar de pronunciar las palabras elocuentes que su mente crea, se ha dado cuenta que el Doctor Monsalve está a su lado solo en cuerpo; su mente está viajando, y ella no lo quiere traer de vuelta, le cuenta las experiencias de su pasado en donde el protagonista inevitable es su cabello; las veces que cambió su peinado, su forma, su extensión, su color, y ahora, su ausencia.

    Poco a poco Martina deja de pronunciar palabras, de contar historias y de narrar experiencias; se recuesta del todo en el capó del vehículo y se quita la pañoleta para disfrutar de su larga, sedosa y oscura cabellera. Sus ojos también están cerrados y pasan varios minutos en el que los susurros de la naturaleza son traídos por el viento que acarician sus pieles y obliga a su adorado pelo, llevar acabo una danza hipnótica en el parabrisas bajo su cabeza… Ahora es el doctor Monsalve el que observa atentamente, la mira disfrutar de los pensamientos del interior de su cabeza; la curiosidad llena su cuerpo y la inquietante necesidad de saberlo todo, quizás por ser doctor, lo obligan a analizarla centímetro a centímetro.

    Sin quitar la mirada de Martina, el doctor Monsalve saca una libreta de su bolsillo izquierdo, en la parte superior está el lápiz perfectamente afilado, un borrador a medio usar en la punta contraria y empieza a ser parte del mundo real al que había abandonado hace un par de segundos; es nuevamente el doctor que toma notas de su paciente.

    Día: 31-May-2013
    – Paciente: Martina
    – Lugar: El lago
    – Estado: Tranquila, sus manos sueltas
    – Boca: Sonriendo
    – Ojos: Cerrados
    – Respiración: Calmada
    – Pies: Relajados
    – Piernas: Cruzadas
    El paciente parece estar disfrutando del momento, parece estar viviendo en su cabeza; la sonrisa en su boca denota comodidad, tranquilidad y felicidad; la respiración relajada y pausada demuestran que está en paz con ella misma y que no está luchando contra sus demonios, ni contra su estado actual (Cáncer, quimioterapia, perdida de cabello), una risa espontánea acaba de liberar, pero no abre los ojos; debe ser causada por las imágenes al interior de su mente.

    De repente Martina abre los ojos y se da cuenta que el doctor Monsalve la está observando, no solo eso, se da cuenta que la está analizando y está anotando todo.
    – ¿Que hace doctor Monsalve?, la sesión se acaba hace rato cuando salimos del edificio.
    – Si, lo se, lo tengo claro, pero… tu caso es particular y un buen doctor no requiere de un edificio, de enfermeras ni de citas; la curiosidad de verte disfrutar del mundo en tu cabeza, me parece intrigante y quiero aprender de ti.
    – Usted es el doctor – Suspira Martina y se vuelve a recostar.
    – Por favor, cuéntame lo que viste en tu mente cuando tenias los ojos cerrados – le dice el Doctor Monsalve mientras abre los ojos expectante de su respuesta.
    – Uffff, es la primera vez que tengo que explicar esto, así que no se como resulte jejeje. Todo empezó cuando mi madre fue arrebatada lentamente por la enfermedad de la que padezco, no soportaba ver como su apariencia decaía poco a poco, sus fuerzas se iban con el pasar de los días y la injusticia de no poder disfrutar de ella por mas tiempo me obligaron a crear un mundo cuando cerraba los ojos; buscaba dentro de mi mente hasta encontrar los mejores recuerdos de las dos y me aferraba a ellas con todas mis fuerzas, la idea era poder mantenerme a su lado durante todo el proceso de la quimio con mi mejor rostro, solo así, ella podría soportar el procedimiento – Martina hace una pausa para tomar una bocanada grande de aire y continúa. – Finalmente mi madre se fue, descanso después de tantas luchas para llegar al mismo punto, no logró disfrutar de la vida que le quedaba, porque la quimio arrebató sus fuerzas de ella mientras arrebataba de a mi madre de mi. Luego mi Tia y mi Abuela con el mismo final me enseñaron a vivir en dos mundos, uno con los ojos abiertos y otro con los ojos cerrados.

    – Y que pasó después – Pregunta el Doctor Monsalve impaciente por conocer mas
    – Jajajaja – Se ríe Martina como si fuera una niña chiquita – Que interesado está en mi historia Doctor… bueno, como le iba diciendo; ahora ellas no estaban y el tiempo con mas afán que usted, no espero para que a mi me diagnosticaran el Cáncer con el que lucho hoy en día. Entendí después de la primera terapia, que aquellas imágenes a las que me aferré hace un tiempo, no me servían, me traían un resultado de 3 a 0, y yo estaba jugando en el equipo perdedor. Las probabilidades y las estadísticas no estaban a mi favor, es en ese momento cuando decidí aferrarme a algo mío… Mi cabello, mi hermoso y perfecto cabello; el cómplice que me trajo amores y desamores, mi cualidad mas destacada y mi compañero fiel; tantas eran mis fuerzas por sobrevivir y ganarle al menos una batalla al Cáncer, que mi cabello me acompaño hasta la quinta quimio, mas de lo que cualquier otra persona le había durado…

    Una pausa obligada tiene que tomar Martina, su visión está borrosa, un par de lágrimas invaden sus ojos porque tiene que confesar algo al Doctor que acaba de conocer.

    – Por eso fui a verlos, a pedir ayuda, no estoy segura de querer perder lo único que me da fuerza para seguir en la lucha contra el hasta ahora, invencible contrincante. Necesito mi cabello para seguir fuerte, sin el, no tengo lo necesario para seguir con las terapias. Es por eso, que de vez en cuando cierro los ojos y empiezo a ver nuevamente mi negra cabellera, sueño con aventuras futuras cuando me recupere de esta enfermedad que me aqueja y vuelva a conquistar a los hombres con el movimiento hipnótico que el viento genera con su paso… por favor doctor, dígame que es posible mantener al menos en mi mente mi cabello, sin extender la locura al resto de mis actos… ayúdeme a creer que es posible. – Termina con un incontrolable llanto de sonido casi imperceptible y lágrimas que recorren sus mejillas lentamente.

    El doctor no es capaz de pronunciar palabra alguna, su juicio debería ser imparcial y no dejarse llevar por los sentimientos que Martina impregnó en sus palabras, pero el es tan humano como ella y antes de poder racionalizarlo responde con su corazón:

    – Si, claro que es posible.

  3. Pedro dice:

    Suspiró profundo y me dijo:
    – Es como un sueño dentro de otro sueño no?
    – ¿A que se refiere?
    – Si, sentir la agonía de un cáncer y sentir la locura de tener tu cabello.
    – Si así lo quiere ver Doc.
    – ¡Regresemos por favor!

    Dos días después todo transcurría normal y me sentía a gusto hablando con aquellas personas extrañas que lo único que querían era que alguien las escuchara. Aunque, pensándolo bien, yo no debería estar aquí; y no me refería a la clínica, me refería a todo. Estaba cansada y sentí el peso de no tener a mi familia cerca. No aguanto más, aveces creía que lo mejor sería reunirme con ellas.

    A la mañana siguiente, después de prender un cigarro y tomar un café, el Doctor Monsalve prendió su grabadora de mano.

    Aspiro el veneno de la nicotina y exclamó:
    – Anoche recibí la noticia de la muerte de Martina. De alguna manera me siento culpable. Nunca supe como curarla, nunca supe como hacerla ver la realidad.

    Martina nunca tuvo cáncer, nunca perdió su hermosa cabellera. Su mamá y su abuela la habían internado aquí hace ya dos años y rara vez llamaban a preguntar por ella. Solo dijeron que el ahogamiento en el lago de su tía más querida la había afectado mucho. No se que pasó, no se en que fallé. Era mi mejor paciente y la única que tenía permitida la salida del instituto.

    Acabo de revisar toda su historia y realicé todos los procesos probables. Lo único que me falta por analizar es una carta que dejó de su aparente suicidio. – Fuma un poco y lee –

    Soy Martina tengo 29 años y tengo cáncer. Llevo más de 24 meses luchando por sobrevivir a esta enfermedad que se llevó a mi madre, a mi tía y a mi abuela en el mismo año. Quisiera decir que ha sido fácil, que no me duele nada y que sigo tan fuerte como siempre. Que puedo dormir tranquila, que no lloro por las noches y que no le tengo miedo a la muerte…

  4. OmarE dice:

    Suspiró, como queriendo impregnar su alma con todo lo ocurrido esa tarde. Suspiró, como sabiendo que nunca la olvidaría. Acto seguido, bajó la mirada y giró la tapa que mantenía en secreto las cenizas de Martina, tenía en sus manos 29 años de alguien que apenas conoció por una tarde. Tan pronto la destapó, sintió un leve aroma a oliva, tan sutil como el fragmento de viento que se sumergió en el recipiente que sostenía débilmente en sus manos y liberó un poco de su sensualidad, aún contenida en el ondear de un pelo que todavía se pavonea con las pequeñas corrientes de viento en el lago que, una tarde, dio vida a un amor que murió antes de nacer.

    Por OmarE.
    @Undostrespor_

  5. El doctor al abrir sus ojos entendió la capacidad poderosa que tiene la fe, que nos hace sentir y entender cosas más allá de lo racional, eran tan fuertes e inconscientes las ganas de vivir de Martina que logró contagiarlo de esas mágicas fuerzas; estaba aferrada a la vida más que cualquier otra persona.

    NO estás loca Martina!! si aferrarse a esas pequeñas cosas que nos hacen sentir vivos es de locos yo también estoy loco, aún recuerdo la sensación del beso de buenas noches de mi mamá, adoro el primer rayo de sol y el olor a café fresco en la mañana; recuerdos y sensaciones que siempre me dicen que hay que disfrutar cada instante, eso es vivir.

    Tu mente te pide a gritos que resistas y te muestra las cosas que podrías perder si te rindes…

    Fue una conversación memorable, Martina por fin entendió el sentido de su locura y disfruto de eso pequeños momentos hasta que el cancer le ganó la batalla 3 meses después.

    El Doctor Monsalve año tras año cuenta esta historia de fe a sus pacientes.

  6. marcelaht dice:

    Alzó la mirada para comprobar el engaño de sus sentidos pero la vista sólo evidenció lo que ya el olfato y el tacto sugerían. Delante de él, la frondosa cabellera negra de Martina se batía en el aire formando remolinos azabache, embriagando con su aroma y dominando el paisaje tras el vuelo de su pañoleta. Absorto e incrédulo, el Doctor sólo atinó a estirar su mano hacia aquella visión que lo envolvía, dejándose llevar por el cosquilleo que aquel cabello producía en la yema de sus dedos.

    Entonces el Doctor Monsalve entendió que Martina, efectivamente, había perdido la cabeza y la cordura. Así como entendió que todo lo que ella le había contado era completamente real.

    Al día siguiente, pasada la hora fijada para la primera actividad de la terapia en grupo, todos se preguntaban porqué el doctor Monsalve nunca llegó.

  7. […] “Pedro dice: 17 junio, 2013 en 18:04  (Editar) […]

  8. […] pelo, es necesario que se lo lleve alguien como Martina, alguien que pueda trenzarlo y cambiarle de forma con el clima. Alguien a quien el cáncer le haya […]

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