Archivos Mensuales: diciembre 2012

A la hora del té

Tocaron la puerta, y yo, que no esperaba a nadie, caminé despacio hacia ella. Al mirar por el pequeño agujero y tras cerciorarme que no se trataba de mi molesta vecina, abrí lentamente. Allí no había nada más que el extraño sonido del viento otoñal que arrastraba – entre lamentos- las hojas secas del jardín.

Encogí mis brazos y mis labios temblaron levemente al sentir el frío que se coló por  mi vestido. Tras una rápida ojeada y cuando estaba a un paso de cerrar la puerta, vi en suelo, justo sobre el tapete, un sobre color rosa que tapaba la ‘ w’ del letrero “welcome”. Al principio dudé un poco pero decidí levantarla antes que el viento se la llevara.

Mientras caminaba de nuevo hacia la cocina, noté que el sobre tenía mi nombre escrito en una esquina, con letra muy pequeña. A primera vista no reconocí la letra, a decir verdad, hacía ya más de 6 años que no recibía una carta, a mano, en otoño y en la puerta de mi casa.

La puse sobre la mesa y decidí prepararme un té para leer la misteriosa nota. La dejé justo al lado de las frutas y la observé por largos minutos tratando de imaginar quién sería su remitente.

-¿Matías?, mmmm no creo, hace más de dos años que no se nada de el; tampoco creo que se trate de Lorenza, ella nunca escribe cartas y mucho menos a puño y letra (…) – pensaba en voz alta mientras calentaba mis manos cerca al fogón.

 El silbido de la tetera hirviendo fue la señal que esperaba para descubrir el gran misterio que me envolvía; entonces, tomé mi taza favorita, – la que tenía siluetas de gatos –  la llené hasta el borde con el té – negro del Himalaya-  y me senté en la mesa.

Una, dos cucharaditas de azúcar y una probadita de temperatura con el labio superior me indicó que aún estaba demasiado caliente.

Dejando la taza sobre la mesa comencé a abrir lentamente el sobre. El papel tenía una textura artesanal muy particular y tan pronto como lo saqué del sobre, sentí el olor de los libros viejos de mi padre. – ¡No toques eso hija, ábrelo solo cuando vayas a leerlo. –
Cuando hube abierto la primera parte de la carta, cayó de su interior un delicado pétalo de rosa que comenzó a danzar en el aire, tocando ligeramente mis labios y cayendo finalmente sobre mi té. Sin prestar mayor importancia al suceso, continué desdoblando uno a uno los pliegues de la carta y pronto descubrí un pequeño poema – también escrito a mano, con lápiz y con caligrafía que no podía identificar- que decía así:

 

Alicia

I 

Tus pensamientos como los pájaros

Bajo la noche son oscuros y también claros

Tus ojos azules y redondeados

Que mientras duermes se vuelven dorados

II 

 Siniestra sonrisa del águila amiga

Que vierte su vientre en tan solo una vida

Milagros de incienso y azúcar molido

De llantos cercanos de amor escondido

III

Noches enteras de intenso dolor

Soledad y olvido es tu olor

Garganta seca que pide a gritos una taza de té

Pero al final solo encuentra la muer-té…

 

Al terminar de leer mantuve los ojos fijos en el reloj de pared que marcaba las 11:15 pm. Arrugué el papel y comencé a reír con estruendosas y afanadas carcajadas. Ese había sido el peor poema que había leído, -¿qué alguien se está burlando de mi?- grité mientras algunas lágrimas se asomaban en mis ojos.

Pronto la risa se apagó y se convirtió en un llanto silencioso. Me sentía pobre, extrañamente miserable, ¿cómo un anónimo me escribe un poema para burlarse de mi soledad?- me repetía mientras limpiaba las lágrimas de mis mejillas y tomaba el té.

Con largos y profundos sorbos, tan calientes como amargos, intenté mantener la calma; de pronto, sentí como si mi garganta se cerrara, como si alguien me aprisionara el cuello con enormes y fuertes manos.
Mi rostro comenzó a ponerse caliente y podía sentir el sudor bañando mi frente mientras yo, c
on movimientos torpes intentaba arrancarme esa fuerte presión que sentía; eran como dedos y uñas rasgándome el cuello de una manera salvaje, malévola.

Intenté en vano mantener la calma, pero poco a poco se me agotaba el aire y con cada suspiro sentía que se me iba la vida…

Bajé la mirada y noté que la taza de té parecía estar llena de un extraño y espeso líquido negro, en donde además podía distinguir el desteñido pétalo de rosa flotando en la superficie.

 – Me han envenenado – pensé – quería gritar, ¡quería correr!, quería devolver el tiempo que corría en ese maldito reloj que marcaba, inevitablemente, mi hora final.

Luego pasaron horas, – tal vez solo segundos- en los que vi pasar frente a mis ojos todo lo que había vivido, como una película triste, sin principio y con un final inevitablemente trágico.

Al final, agotada por mi propio peso, dejé caer mi frágil cuerpo sobre la alfombra y en un abrir y cerrar de ojos -literal- desperté sentada en la sala de mi casa, envuelta en sudor y con lágrimas en los ojos, mientras se oía el silbido de la tetera a punto de estallar en la cocina.

       – ¡Ha llegado la hora del té! – dije entre risas – componiéndome el vestido.


Pensando en ese extraño sueño y mientras servía el té en mi taza de gatos, escuché de repente un golpe seco que hizo temblar la puerta…

 

xxxcambio y fueraxxx

 

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La Oruga

Una noche como cualquiera otra, despertó el Sueño en su cama. Sudoroso y algo confundido intentó buscar sus manos, pero a cambio de ellas encontró un par de alas que brillaban con la luna que se reflejaba a través de la ventana. Unas alas enormes y hermosas que podía controlar casi como si se tratara de sus propios brazos.

Afanado y con algo de dificultad abrió la puerta empujándola con los pies, pero pronto notó que por allí no entraba suficiente aire para secar sudor de su frente, así que se dirigió a la ventana, la cual se abrió de par en par tras un pequeño aleteo de sus nuevas extremidades.

Al instante y como si se tratara de fibras que envolvían su cuerpo, sintió la brisa fresca recorrer cada poro de su piel. Cerró los ojos y se sumió en un sueño refrescante, casi tan profundo como del que había despertado hace apenas unos segundos.
Un sonido de hojas secas lo despertó, y mientras abría lentamente los ojos notó que estaba suspendido en el aire, allí arriba, justo donde podía distinguir las pequeñas luces que conformaban lo que parecía ser un cielo estrellado sobre la tierra.

De pronto… en un suspiro profundo y sin hacer el menor ruido, alzó vuelo directo al cielo.

Era difícil de entender entonces, pero aquella noche, cual mariposa saliendo de su  cascarón, el Sueño por fin se había convertido en Realidad.

 

 

xxxcambio y fueraxxx

 

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