Delirios cotidianos

Pensando en la fabulosa y a veces atrevida manía de los escritores delirantes – como yo- de inventarle una historia a todo el que se nos cruza en la calle, en la esquina y hasta en el bus, nació esta historia que poco tiene de ficción …

Desmembrando esa oculta costumbre de reír entre los dientes imaginando cómo la mujer entaconada azota al obrero que suda en la ventana del bus, o en cómo fue que el guiso del blackberry con forro del Nacional logró levantarse a la nea que le escribe con corazoncitos por el BB chat…

Pensando y pensando en tanta pendejada adoptada, subí al bus camino a casa. La única silla que quedaba libre estaba al final del pasillo donde a un lado tenía la ventana y al otro un tipo de dreads monos, con una guitarra y unas gafas hipster que no podía acomodar con su pinta –hippie-reggae-mendigo-.

En ese momento comencé con mi ritual imaginado la pata que se habría fumado ese personaje antes de subir al bus que sin duda era la causante de los ojos totiados y las ojeras que apenas podían distinguirse detrás de los lentes. Esa bareta que había decidido fumar porque solo así iba a disfrutar su “viaje” hasta el centro de la ciudad, donde lo esperaban sus amigos de dreads malolientes con más hierba y canciones de peace and love para la noche.

Con una sonrisa dibujada en el rostro me senté y mirando a través de la ventana continué con la historia en mi cabeza, mientras él a mi lado tocaba acordes con su guitarra vieja.

Pasando las calles escuchaba en mi cabeza acordes de Cultura Profética que el tipo aquel le cantaba a la novia cuando estaba turra porque a ella le gustaba “envidearse con esos temas.” Repasé imágenes en las que el jamaiquino barato intentaba explicarle a la gente del común los grandes beneficios de la ganya para la salud y la increíble sensación de tranquilidad que brindaba antes de ir a dormir. Cuando estaba a punto de soltar una carcajada mental, el extraño me preguntó la hora, y yo, sin mirar el reloj ni el celular le dije: – las 5 y algo – a lo que el contestó: – el tiempo no existe, todo es una ilusión y la vida es tan larga como tú quieras que sea…-

En ese instante pensé que iba a sacar de su  mochila unas varitas de incienso o alguna revista vegie para rastafaris, así que en un movimiento rápido fingí llamar a alguien desde mi celular para escabullirme de sus palabras con aliento a cafuche.

Pasaron las calles, los semáforos y pronto se acercaba mi parada. Tomé mi bolso, ajusté mis audífonos, me compuse la trenza y con un leve empujón de rodilla le dije al mono “bob marly” – permiso – Mientras él me daba el espacio justo para salir ,dijo: –que te vaya bien beibi – al tiempo que me pellizcaba el trasero.

Con los ojos bien abiertos y con una ira demencial, tomé mi bolso y se lo lancé directo a la cara. Antes de perder la parada timbré y justo antes de tocar el suelo, le grité: -¡MUÉRETE MALDITO HIPPIE!- grito que me salió del alma y alivió mi rabia por un instante mientras él reía y se componía las gafas gritando por la ventana: “ hippie no, soy rasta bebé. Que Jah de mande su luz ”

***

Corriendo hacia mi casa tuve una visión en mi cabeza en la que me veía a mi misma llorando en posición fetal, bañándome con la ropa puesta y gritando entre mocos y agua fría: “me siento suciaaaaa” mientras se dibujaba, sobre la cortina de la ducha, la silueta de un hombre con dreads malolientes que empuñanba un cuchillo en su mano derecha.

Poco podrán imaginarse ustedes, queridos lectores invisibles, el pánico que invadió mi cuerpo cuando en ese mismísimo instante comenzó sonar en mis oídos la canción de Berbard Herrmann: Psycho. De un solo jalón me arranqué los audífonos y revisar la pantalla del ipod solo podía leer: “Three little birds By Bob Marley”, esa jodida canción que aún retumba en mi cabeza, repitiéndome que every little thing’s gonna be alright.

 

 

xxxcambio y fueraxxx

 

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Tulio

Llegaste a la casa envuelto en pulgas y dentro de un costal roído por las ratas.

Apenas caminabas pero tus uñas ya amenazaban con destrozar todo el lugar…

A tus orejas puntiagudas, a tus pelos y a tus bigotes les dedico este escrito, a ti mi Tulio querido, donde quiera que estés….

Tulio

Una bolita de lana, larga y azul como el azul del cielo, se enredaba y desenredaba solita.

Recorría la casa y haciendo formas de casitas y flores como margaritas.

De un extremo jalaba tu manita, con uñas tan filosas como cosquillosas.

Volteretas dabas en el suelo, saltabas sin remedio y meowllabas en cada esquina.

Extraños eran los sonidos de tu pecho, recordaban monjes oradores o al carburador del viejo Volkswagen  del vecino.

Extraño ver tu silueta en la esquina de mi cama, encorvada, maltratada y arrugada.

Extraño verte llegar de tus batallas felinas que te dejaban en cama por días y que al final de tus días te cobraron con un ojo.

Extraño ver tus orejas asomarse en la ventana y esos ojitos {ojito} verdes que me miraban y me decían con mewos “déjame entrar”

Desde este cuarto solitario, espero que abandones el cielo de los gatos y vengas a visitarme esta noche, me despiertes con una tos seca, un lengüetazo áspero y seco o con una bola de pelo en mi almohada…

 

** 

 

 

* Paradójicamente mi gato desapareció el día que escribí y publiqué el cuento “Luciano el Anciano” . Semanas después me atormentaron sueños con gatos que me mordían las muñecas y los tobillos. Es raro como a veces pareciera que todo a tu alrededor te hablara….

 

Ilustración: @anilinaleena

 

xxx cambio y fuera xxx