Un verso inmerso

Aplicado callado y marcado estaba Juan Mirado en su estado desarmado e inundado.

Silenciosa, preciosa y orgullosa lo miraba Milena, de larga melena y vestido crema.

Ambos tan locos, sin cocos y oscos, no se miraban, ni susurraban, no callaban, ni tampoco se amaban.

Tardes retorcidas, mordidas y ardidas llenaban sus días de excitante melancolía, algo que olía y salía pero que al final nada valía.

En un beso profundo, se comieron el mundo en un segundo, bajo un cielo inmundo y vagabundo. 

Poco sabían entonces de aquellos feroces y atroces sonidos retumbando en sus oídos. Ruidos roídos, molidos y perdidos dentro de un enredado Juan Mirado y una chilena llamada Milena.

 

 

 

 

xxxcambio y fueraxxxx

 

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