La Misericordia

Se encontraba viajando en un bus viejo a 500 kilómetros por hora Juan De La Esfinge o Maria Antonia De Henares. Nadie sabe lo que sus ojos buscaban perdidos en la ventana por las calles que transitaba. Faltaban mas o menos 3 horas de viaje atravesando esa fría ciudad que apenas se despertaba con los primeros rayos de sol.

Las sillas se llenaban de a pocos con trabajadores asalariados que subían y le miraban de reojo. Nadie comprendía en realidad que mientras para muchos se trataba de un simple día camino el trabajo, para Juan De La Esfinge o Maria Antonia de Henares era el pasaje directo a la metamorfosis, a la resurrección del espíritu interno.

Barrios opulentos de casas grandes y frondosas, con rubias señoras y sirvientas negras que componían las camisas de los niños rubios esperando la ruta escolar, pisando el verde antejardín  humedecido por las ráfagas de agua que se esparcían por todo el terreno. Mujeres y hombres trotando con sus audífonos blancos y sudaderas de colores, con perros de raza babeando y jadeando con la lengua afuera, perros rubios que ladraban al ver pasar el bus; ese bus repleto de asalariados y de los inundados pensamientos que tenia Juan De La Esfinge o Maria Antonia de Henares al mirar por la ventana.

Pronto llegaron los barrios de invasión, sin antejardines de película ni perros de raza con sirvientas negras. En cambio si, había mucho negro con jeringas atravesadas en los antebrazos, perros sin pelo a lado y lado de la carretera con las tripas saliéndose por el trasero y los carroñeros comiéndole la lengua, esa lengua negra que poco a poco dejó de jadear y de ladrar por el hambre quizás o por la falta de un amo.

En esas calles olvidadas, por las que nadie quiere pasar sin un amo, se repiten en cada esquina frases de amor a cualquier centavo. Mira de reojo las piernas de los travestis y las prostitutas desde el bus Juan De La Esfinge imaginando que tal vez Maria Antonia de Henares podría estar allí, con unos tacones rosa y unas medias de malla, con medio cuerpo por fuera y medio dentro de un carro, chupando la verga de un borracho asalariado, que gasta parte de sus sueldo en mujeres sin dientes, que entre jadeos y hambre reparten cariño de esquina a esquina.

Pasan las horas perdidas y el recorrido casi llega a su fin. El sonido estruendoso del freno del bus y la puerta trasera que se abre acompañan la áspera voz del conductor que proclama: – Ultima parada: estación San Vicente de Paúl: Hospital de la Misericordia-

Los asalariados, que ahora parecen tristes máquinas del sur, se levantan de sus lugares y parecieran marchar juntos hacia la salida. Mientras tanto, Juan De La Esfinge sueña con salir del hospital la bien llamada Misericordia con unas nuevas tetas, con un nuevo cuerpo reconocido de reojo como Maria Antonia de Henares, que parada en la estación San Vicente de Paúl, con tacones rosa y medias de malla, espera el bus de regreso, con sus ojos, esos ojos perdidos que se pierden en la ventana.

 

 

 

xxxcambio y fueraxxxx

Anuncios
Etiquetado ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: