Archivos Mensuales: abril 2012

Último llamado

En 5, 4, 3, 2, 1 se pasaron los días del mes de agosto, ya todo estaba listo para nuestro encuentro. Llevábamos una relación a distancia hacía ya varios meses, habíamos renunciado a mantener el ritmo idílico por medio de las redes sociales porque sencillamente no era nuestro estilo. Como buenos escritores, decidimos enviarnos cartas, queríamos mantener viva la llama de nuestro amor por medio de un flujo epistolar que parecía aumentar con los días y que dejaba un dolor en las manos que agradaba mientras releías.

Esperaba ansioso sus cartas, eran tratados de innumerables descripciones que transformaba su caligrafía en el camino. Siempre comenzaba sus cartas con un “Querido Simón” con la “Q” y las “o” perfectamente redondeadas y terminaba con un ” Siempre tuya, Melanie” con unas “e” torcidas que revelaban su cansancio sobre el papel.

Todas las noches hablábamos por teléfono. Hablábamos un poco más de lo que no había encajado en las cartas o de cosas que solo podían contarse a viva voz como las bromas.  Reíamos por horas, llorábamos por minutos y nos mandábamos besos que duraban un segundo.

 

Junio y julio se hicieron eternos, casi interminables, pero allí estaba, y en menos de un 3, 2 1 era mi último día en esa fría ciudad. Creía sentirme preparado para reencontrarme con mi amante, amiga, emisora y receptora de letras mal dibujadas e historias de papel, con la siempre mia Melanie.

En el viaje no pude leer ni una sola página del libro que llevaba en mi mano, lo único que hacía era releer su última carta en la que decía: ” Te espero en la estación de La Rue, estaré en el café Mambo con el abrigo vino tinto (…)” . Aún cuando era el día más esperado del año, algo realmente me inquietaba, no dejaba de pensar en lo que le iba a decir, en lo que iba a sentir cuando la viera. – ¿600 días sin sentir su aliento me habrían cambiado tanto como para no querer volver a verla de cerca?- Yo en el fondo quería abrazarla, besarla y decirle al oído todo lo que la había extrañado. El reloj corría más lento que de costumbre y allí estaba yo en ese vagón con un puñado de ansias y dudas esperando la llegada a la próxima estación…..

 

En 5, 4, 3, 2, 1 se detuvo el tren y desde mi ventana podía ver la terraza del café Mambo. Allí estaba Melanie con su abrigo vino tinto, un café y un libro. Traía su pelo recogido y sus lentes de marco café. Se veía preciosa; estaba tan inmersa en esa lectura que ignoró por completo la llegada del tren, la observe por un instante, traté de imaginar la expresión de su rostro al verme llegar, pero la mente me quedó en blanco. Tome la carta que había releído todo el viaje, noté que quedaba un espacio vacío al final y comencé a escribir…

 

Comencé la nota con un “Querida Melanie” y terminé con un ” hasta siempre”….. con lágrimas en los ojos arranqué el trozo donde había escrito, lo doblé por la mitad y envié la nota con un pasajero que viajaba a mi lado para quien La Rue también era su última estación.

Tras el último llamado de abordaje vi como Melanie interrumpía su lectura, quitaba sus lentes y con una expresión tímida en su rostro recibía la nota de manos de ese extraño. Al sonido de las puertas de cada vagón cerrándose me alejé de La Rue en 5, 4, 3, 2,1 acompañado solo por mi único tíquet de ida.

 

 

 

xxxcambio y fueraxxx

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