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Nada disfruto más por estos días que salir montar en bicicleta, encuentro en ello un pequeño placer en dos ruedas que me muestra la ciudad de una manera diferente, a veces algo desordenada y turbia, otras llena de colores, olores y brisa, mucha brisa fresca en el rostro.

Salir a pedalear me da la sensación algo hippesca de sentir que le estoy haciendo bien al planeta.
Veo desde mi tranquila y a veces despejada cicloruta personas asfixiarse al interior de los buses de transporte público, con caras largas y llenas de desespero…

Mira el reloj, pasa la registradora, atraviesa la señora con un niño, el busetero peleando con otra ruta, el timbre no para de sonar , ladrones, señoritas y ancianos amontonados en la puerta de salida,” por aquí por favor” freno estruendoso, caos por la carrera 11. Pedaleo, subo el anden, acelero, esquivo el perro, ladra el perro, piiii piiii cuidado señor, esta gente no sabe andar por la calle, respiro. derecha izquierda derecha izquierda, bajada, brisa fresca, dejo de pedalear y el sonido de la rueda cómo música para mis oídos.

Los semáforos están adornados con actos de magia, mini mercados, limpia parabrisas, malabaristas y traga fuegos. Tienen por espectadores a quienes viajan en autos (unos muy  lujosos, otros no tanto) a los taxistas y motociclistas. Son un público difícil, constante y poco solidario, son un público que al finalizar el acto no aplaude sino que al menor descuido les pasa por encima..

– piii piiiii -nada que cambia este semáforo! ésta ciudad es un caos-  le limpio el vidrio mono?-una monedita para el arte- no chino hoy no hay – ahora está en verde – here we go….

Admito que es un poco molesto tener que compartir el espacio rodante con transeuntes torpes, que actúan como ciegos, sordos y perdidos. No solo se atraviesan en el camino, sino que también parecieran estar molestos con nosotros o con sus propias vidas….vaya uno a saber!!

Humo de arepa y chuzo en la cara, los ojos pican, el olor provoca, ¡ praquete!  un hueco, lo siento negrita, lo siento nalguita, fin de la cicloruta, de nuevo en la vía con los buses y los autos.

Soy  de las que suelto el manubrio para sentir que me fundo en un abrazo con el viento. Vivo imaginado que salgo por un hermoso y típico paisaje francés en mi bicicleta vintage, con canasta de mimbre, baguette, flores, botella de vino, y por supuesto, con un vestido de lo más girly….

pedaleo trago humo de la buseta de enfrente, frena en seco, freno en seco, se baja un señor, se sube un vendedor por la puerta de atrás, tomo impulso, paso la buseta y soy arrinconada por un jeep, – esta vieja bruta es que no me ve?- ….  antes de mostrarle mi dedo medio por su retrovisor, me detengo, la dejo seguir y mientras tomo un poco de aire en la esquina practico mi ingles al ritmo de los cds de los vendedores deambulantes ” silla- chair, sofá-couch, libro-book…..” fuck off…….

Aún cuando de ese sueño romántico sólo me queda una panadera común y silvestre que me acompaña en caminos tan oscuros como soleados, en una urbe de cemento donde las vías  para ser recorridas en bicicleta se cuentan con los dedos de las manos, sigo pensando y creyéndome el cuento de que en realidad hago algo por mi planeta, por mi misma y por la ciudad que recorro a diario en mi ir y venir.

freno, llego al edificio -” señorita levante la cicla que está recien trapiado”, un ultimo esfuerzo- me digo- subo las 16 escaleras con ella en hombros, aterrizo, patica abajo, beso al manubrio y que tengas dulces y rodantes sueños, ride u 2morrou

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