Del adulterio, la muerte y otras carajadas…

(Basado en un historia real)

El dia que despedimos al viejo todas las luces de la casa se apagaron y solo se podía escuchar a lo lejos el reloj de la biblioteca donde pasó sus últimos días. Mi Papá, mi viejo Don Arturo López Villegas fue el abogado más prestigioso de la ciudad durante los años 80, su sagacidad y gran experiencia en las leyes lo hicieron merecedor de varios premios a nivel nacional. Mi papá fue siempre ejemplo para todos sus colegas, él jamás se robo un centavo ni le lagarteo nunca nada a nadie. Él era una persona entregada a su familia, a su profesión, a sus libros y al crucigrama dominical del periódico “La ciudad”.

El viejo tenía sus malos ratos pero gozaba de un humor increíble, siempre dispuesto a una conversación amable, siempre con ansias de tragarse el conocimiento del mundo a punta de diccionarios de bolsillo. Mi papá era un personaje encarnado de una novela de época, todos los días con su traje bien planchado, su cabellera blanca totalmente peinada hacia atrás salía en su Mercedes del ’54 a dar un paseo en solitario, decía que quería mantener conversaciones a solas con su adorado auto, (a veces pienso que lo quería más que a mi). Nunca permitía que lo manejáramos o nos subiéramos a él con los zapatos sucios. Era su pequeño gran tesoro, lo había heredado de mi bisabuelo Don Manuel López López y desde entonces decidió cuidarlo con recelo.

El día que se murió el viejo, mis hermanos y yo nos mirábamos incrédulos, sabíamos que estaba algo enfermo pero sencillamente no era su momento, la tristeza se apoderó de nosotros y de mi madre, él había partido en un momento inesperado como casi todas las muertes prematuras de la familia, el estaba muerto y no podíamos hacer nada más que extrañar su presencia por el resto de nuestros días.

Pasaron algunas semanas y el señor Rogelio Montecarlo, quien fuere la mano derecha y a la vez colega y mejor amigo de mi viejo, nos envió una carta donde decía que debíamos presentarnos mi madre, mis dos hermanos y yo en su casa para la lectura del testamento que meses atrás le había sido entregado por mi padre. Muy en el fondo y mas allá de lo que pudiera imaginarme, yo solo quería quedarme con el Mercedes, ese carro era la insignia de mi viejo, quería conservarlo y continuar con la tradición de poder entregarlo a mi primogénito. Ese Mercedes, que bien podría llamarse “el otro miembro de la familia” se había tornado en el objeto de deseo de mis hermanos y yo. Ver como mi padre lo cuidaba y lucia orgulloso nos hizo, con el paso del tiempo, desearlo cada vez mas.  

Por ser yo quien llevaba la batuta de hermano mayor estaba casi seguro de que el trofeo sería mío, “el viejo me quería, podría decir que era su hijo favorito” me repetía a mi mismo mientras me dirigía hacia la cita acordada en la casa de Rogelio.

En una sala amplia de sillones viejos pero muy cómodos, nos sentamos todos a esperar a Rogelio, el nos hizo esperar algunos minutos y bajó de la escalera principal con una carpeta beige en sus manos. Saludo a mi madre de beso en la mejilla y a todos nosotros nos dio un abrazo y un apretón de manos. Con estas palabras inició su charla: “Estamos aquí reunidos para hablar de Arturito y sus últimos deseos, siento mucho haber interrumpido sus labores para traerles recuerdos que aun afligen nuestros corazones, pero es vital que entendamos desde hoy este documento, que nos acojamos a él y lo respetemos en memoria de nuestro adorado amigo, padre y esposo…” Continuó así su discurso de manera pausada y con un tono de voz suave. Leyó durante varios minutos los artículos correspondientes, y comenzó a nombrar todos y cada uno de los bienes y las respectivas personas a las que les heredaba. Las dos fincas de los llanos quedaron para mi hermano menor Luis Antonio, la casa de Manizales se la llevó Roberto y para mi quedaba el apartamento de 2000 metros de Bogotá. Mi madre se quedaba con la casa familiar y otras tantas propiedades…..la lista se hacía cada vez más larga a la espera del veredicto final acerca del Mercedes 300SL de 1954, una reliquia invaluable que sin duda abrió la ventana del futuro en los 50s con sus puertas que se abren hacia arriba cual nave intergaláctica “retro-futurista” . Siempre se robaba las miradas de todos los amantes de los autos clásicos. Pero aun así su diseño conservaba esos atributos de elegancia y serenidad propios de un Mercedes Benz. Por momentos me perdía de la lectura del testamento imaginándome manejando ese auto, con una linda chica abordo que no para de reír a mi lado mientras recorremos nuevos y hermosos paisajes.

Casi sin darme cuenta llegó el momento. Con voz angustiosa oímos decir a Rogelio:  “ Bueno creo que eso es todo, ahora bien, queda la última entrega del testamento que corresponde al auto favorito de Arturito, su Mercedes 300SL modelo ’54. En este punto quiero ser muy franco con ustedes y espero que puedan tomar esta noticia con calma (…) Según este testamento Arturo dejó estipulado que el auto deberá ser vendido y que el valor resultante de la venta sea entregado en su totalidad a Maribel Muñoz, quien fuere la compañera sentimental de Arturo durante los últimos 3 años (….) ”

          Compañera sentimental?- fue el grito que dio mi madre para romper el silencio eterno que cobijó la sala durante varios minutos. Nos mirábamos unos a otros y no lográbamos conectar lo que estábamos escuchando con la historia que conocíamos hasta el momento.

          Si Lorenza, lamento mucho esta situación- replicó Rogelio- yo no tenía conocimiento de esto hasta que leí el testamento.

          Es increíble-continuo mi hermano Roberto- el viejo a estas alturas del partido con amante? Sabias algo de esto mamá? Porque no nos lo contaste?

          Yo siempre lo sospeché- respondió mi madre con la voz entrecortada –pero lo último que me imagine es que una cualquiera ahora haga parte de su testamento……

Y yo, dentro de mi desconcierto y desilusión no podía creer lo que estaba escuchando, mi sueño de tener ese auto en mi solitario parqueadero se desvanecía frente a mis ojos sin nada que yo pudiera hacer. Mi madre lloraba, mis hermanos alegaban entre ellos y Rogelio les repetía que él le había prometido a mi Padre cumplir a cabalidad con sus últimos deseos expresados en ese testamento. Pasaron horas y no lográbamos ponernos de acuerdo hasta que finalmente mi madre, con gran valor se levanto de su silla y mirando a los ojos a Rogelio le dijo: – Está bien Rogelio, por más que nos duela vamos a cumplir con lo que quería Arturito, vamos a vender el Mercedes y doña fulana se quedará con el dinero, ¡¡es más!! Yo misma seré quien publique en el periódico “La Ciudad” el anuncio de la venta del vehículo. Que no se hable más, esta reunión ha terminado. Permiso Rogelio y muchas gracias por tu  tiempo. – Enseguida tomo su cartera, se acomodó los lentes oscuros y salimos uno a uno detrás de ella de la casa del abogado Rogelio.

Durante el camino de regreso a casa nadie dijo ni una sola palabra, ninguno se atrevía a pensar de donde provenía la tal Maribel ni como carajos mi papá la había conocido. A nadie le cabía en la cabeza que mi viejo pudiera mantener una relación extramatrimonial por tanto tiempo y sin que ninguno de nosotros ni mi mamá lo notara. Pero de toda esta historia de locos, lo que más me sorprendía era el hecho de ver la actitud valiente y certera que había tomado mi madre frente a la noticia, ahora bien, yo ya me encontraba en un proceso interno de evaluar mis finanzas para poder comprar el auto; yo en verdad lo quería y no me importaba gastar mis ahorros de toda la vida para obtenerlo, aun sabiendo que ese dinero caería irónicamente en las manos de la amante de mi padre….

Durante la semana no mantuvimos contacto con mi madre, nadie quería molestarla con el asunto del auto. Mientras tanto yo me moría de curiosidad por saber si en realidad cumpliría su promesa de publicarlo en el periódico. Ese sábado recibí una llamada a eso de las 7 y media de la noche, era ella, me dijo que al día siguiente saldría el anuncio en el periódico dominical, justo al lado de la sección de crucigramas porque sabía que era un buen lugar para cazar a los amantes de los autos clásicos, se despidió con un beso y un “que descanses hijo”. No quise preguntarle detalles del anuncio porque sabía cuan doloroso había sido todo esto para ella, así que decidí esperar a la mañana siguiente a que el golpe del periódico en la puerta de mi casa me despertara y así conocer la noticia que había esperado toda la semana y toda mi vida…..

Como era de esperarse esa noche no dormí, revisé una y otra vez mis cuentas de ahorros, hacia estimados del costo y hasta evalué la posibilidad de sacar un préstamo al banco. Estaba obsesionado, yo quería ese auto en mi poder sin importar que de esto dependiera mi ruina económica a corto plazo, y que a la vez, fuese yo quien convirtiera en millonaria a la concubina de mi viejo.

A eso de las 6:30 de la mañana escuche cuando el periódico cayó en la alfombra de la entrada de mi casa, baje corriendo lo tomé del suelo y lo puse en la mesa. Me preparé un café, respiré hondo y abrí el periódico. Llegando a la sección de crucigramas que por tanto tiempo apasionaron  a mi padre, descubrí un anuncio enorme, casi de media página que decía:

 

“Vendo auto clásico Mercedes Benz 300SL de 1954 en perfecto estado.
Su valor único es de 2mil pesos colombianos *
Informes 2347789 Lorenza Mendieta”

 

 

 

 

xxxcambio y fueraxxx

 

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2 pensamientos en “Del adulterio, la muerte y otras carajadas…

  1. @gusounds dice:

    jajajajaja nice! muy bno!

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